El tabaco cubano

Trabajadores tabacaleros

Una labor que tiene mucho de magisterio y de arte

Partagás es un hervidero esta mañana, recuérdese la fama de Cuba de ser la productora del mejor tabaco del mundo; y esta es de las fábricas insignias de uno de los principales rubros de exportación del país. A la entrada se agolpan medio centenar de visitantes extranjeros que han venido a husmear en las interioridades del torcido del puro. La mayoría aprovecha para cargar, de paso (y de la mata), con sus cajas de habanos.

Adentro es peor el ajetreo. El interior de una factoría de tabacos es un lugar de bullicios y aromas; de constante movimiento e interminable faena. Al parecer, el incansable abejero no termina nunca, pero se equivoca uno. Todo toma una agradable pausa, espesa y dulzona como el humo que sale de la boca de muchos operarios fumadores, cuando llega el turno del lector de tabaquería. Él es, sin dudas, la figura central.

El de la reconocida fábrica capitalina, Jesús Pereira Caballero, es un mulato joven, alto, de figura recia. Alguien certeramente define que parece más un boxeador. Dueño de una sonrisa de oreja a oreja, se hace notar por su jocosidad.

El primer contacto lo tuvimos por teléfono. "¿Es Jesús?"... "Sí", respondió del otro lado una voz contundente. "¿El lector?", inquirí de nuevo... ¡Yes!, contestó en tono jaranero esta vez, como anunciándome el tipo de gente que era, y quedamos en vernos.

A golpe de chaveta

Hizo que me recibieran como a todo el mundo; a golpe de chaveta. El estruendo del instrumento metálico al chocar contra las mesas, es la alegre bienvenida tributada por estos modestos trabajadores, a quienes vienen de visita.

"Nunca pensé ser lector de tabaquería -confiesa después de las presentaciones de rigor-. Mis hobbies siempre fueron los deportes de combate y las fiestas. Pero cuando le cogí el gusto a este oficio, comencé a disfrutarlo. La gente me dice ‘hazte tabaquero que ganas más’, pero yo no abandono lo mío." Su día comienza a las siete de la mañana, recorriendo las calles aledañas a la fábrica para comprar los periódicos.

Jesús ganó esta plaza por oposición. Recién había llegado de la ex Unión Soviética, donde prestó servicios por un tiempo. Su contrincante era un profesor retirado que le superaba en dicción y corrección; pero el joven, aunque menos ducho en las cuestiones técnicas, tuvo a su favor ser más ameno, sobre todo con las novelas, donde imitaba la voz de cada personaje. Desde su primer día en Partagás, hizo valer su carisma.

Ahora empieza por las mañanas con el periódico. "Lo leo casi todo en dos turnos de 45 minutos. De vez en cuando, también traigo artículos relacionados con la ciencia y la técnica." Los discursos de los principales dirigentes de la nación tienen prioridad. Cuando son del Comandante en Jefe se transforma. "Trato de trasmitir la idea y las palabras con la misma fuerza suya; al final todos, como tradicionalmente se hace cuando están de acuerdo, tocan la chaveta, ta ta ta ta..."

De película un final

Pasamos por el departamento de terminado, donde abundan las mujeres. Las "niñas" lo requieren, le hacen señas, se meten con él y, también, le preguntan por el capítulo de esta tarde. "Esto es una locura -dice-, las tengo enganchadas". Se refiere a la novela que está leyendo ahora.

Cada tarde, durante 45 minutos, los tabaqueros se relacionan con títulos emblemáticos de la literatura universal y nacional. Los personajes de El Perfume, Pasión Turca, Máscaras o Como agua para chocolate... entre otras muchas obras, han deambulado entre las paredes de este museo en producción. Claro que el lector de tabaquería le pone mucho de su histrionismo. "Eso ayuda a atrapar a la gente", sonríe. La gente habla de él con gran aceptación: "Jesús es excelente y estimulante", "Es divino, tiene una voz especial", "Como él no hay dos".

A pesar de la profesionalidad con que enfrenta a diario su trabajo, también le han sucedido cosas imprevistas, dignas de ser contadas, aunque con ello quizás puedan saltar algunas esquirlas de su reputación. "Una vez leía un libro. La gente estaba atrapadísima, pero no me había dado cuenta de que faltaban las páginas finales. Bueno, qué hago yo ahora. Inventar un final de película, pensé. Entonces (siempre mirando para el libro) hice un cierre de tiroteo y carros en persecución, un fenómeno... y dije, ‘fin de la obra’. Sonaron las chavetas: ta, ta, ta, ta... Hoy nadie sabe todavía que el final lo puse yo. Eres al primero a quien se lo digo."

También Universidad para Todos

H Upman es un poco más modesta que su vecina Partagás. Diluida en el ambiente colonial de La Habana Vieja, cualquiera podría pasarla por alto; pero cuidado, no se queda atrás en cantidad y calidad de sus producciones.

Aquí llegó Gricel hace nueve años con el miedo bien disimulado en su debut. "Me paré en el estrado y leí como toda una consagrada -rememora-, la gente luego me elogiaba mi valentía y aplomo, pero no sabían que yo temblaba como una hoja."

Los tabaqueros le ayudaron en aquellos primeros días. "Me decían cómo tenía que leer, cómo hacer las imitaciones de las voces"; incluso fue a Partagás a aprender de Jesús. Hoy los trabajadores son un complemento de sus lecturas. "En una novela de guerra, ellos mismos hacen el ruido de los aviones, de los tanques de combate y el silbido de las balas."

Las noticias nacionales e internacionales ocupan hasta el último rincón del recinto, en boca de esta mulata voluminosa que no aparenta su edad real.

"No me dejo caer", coquetea con los reporteros. "Siempre tengo un pensamiento positivo en mente y una flor en mi puesto de trabajo." Y así como anda por la vida, lo hace por esta fábrica que se anima cada día con su voz sensual. Todavía aquí levanta algunos piropos juveniles. Gracias a sus lecturas, los obreros ya conocen a Bernhardt Hurwood y a Rómulo Gallegos. También tienen acceso, mientras tuercen los puros, a diversos programas educativos impartidos por el espacio de televisión Universidad para todos. Por estos días los tabaqueros de H Upman se reencuentran con pasajes de la historia de Cuba.

"Es una profesión que me reporta mucho. Aprendo y enseño. Por ejemplo -se explica- he tenido que asimilar los deportes, yo no resistía la pelota."

Gricel, además, se ha convertido prácticamente en el reloj de sus compañeros. "Cuando termina un turno, ellos automáticamente saben qué hora es. El dato es de gran ayuda, pues en ese momento deben tener hecha una cantidad determinada de piezas, para cumplir la norma, quien no los tenga está atrasado."

En esta profesión las mujeres son mayoría. "Será porque somos más atrevidas", dice entornando los ojos, desafiante y tan bien plantada como el primer día cuando subió al estrado. No me caben dudas de que ella sí lo es.

Un gremio de vanguardia

Los trabajadores tabacaleros siempre han constituido un sector de relevancia. Lo demostraron tempranamente, en 1723, con la primera revuelta socio-económica, en reclamo contra el Estanco del Tabaco establecido por la metrópoli española en 1716. Los demandantes fueron duramente reprimidos y 12 de ellos pagaron con la vida, pero la llama quedó encendida.

Una vez estallada la primera guerra de independencia, en 1868, constituyeron una importante fuente de combatientes y apoyo financiero a las tropas mambisas. Tampa, en Cayo Hueso, llegó a ser uno de los núcleos más importantes de los exiliados cubanos en Estados Unidos, sobre todo torcedores, quienes formaron representaciones numerosas también en Nueva York y otras grandes ciudades norteñas.

También en Tampa, y fundamentalmente con tabaqueros, fortaleció José Martí, el Apóstol de la independencia de Cuba, el Partido Revolucionario Cubano, organización política encaminada a desarrollar la guerra necesaria para lograr la libertad definitiva de la Isla. Muchos de estos hombres dieron íntegramente sus salarios para los fondos de la batalla que se preparaba, y a las primeras descargas de la contienda bélica de 1895 fueron de los primeros en sumarse a la insurrección.

En la etapa de la república neocolonial, también estuvieron los tabaqueros en la primera línea de combate. Fieles a su historia revolucionaria, se les vio siempre presentes en los más avanzados movimientos sociales contra los sucesivos gobiernos corruptos, hasta la total independencia. Tras el triunfo revolucionario, los trabajadores del tabaco han estado siempre en la punta de la vanguardia por el desarrollo patrio y en defensa de nuestra nacionalidad.

Fuente: Revista Bohemia

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