El tabaco cubano

Dulces sueños de humo

No recuerdo con precisión quien de los personajes de los que Zino Davidoff nombra en su libro sobre El buen fumador de tabaco habano. En el que decía: que si algún día pudiera comprarse un cigarro habano al día vería mi sueño colmado sería feliz.

Es una de las referencias que a menudo me viene a la cabeza, resulta que yo hasta para conciliar el sueño en vez de contar ovejitas, para conciliar el sueño pienso en los puros habanos que tengo, me pasan por la memoria los últimos recibidos, todos tan iguales de color según marca y vitola, en fin, una pasada.

Recuerdo con fruición años atrás, la escasez, en mi provincia se daba a los estancos la llamada saca, "era lo que tocaba" y entre los fumadores de puros habanos nos íbamos transmitiendo donde y los que habían llegado. Por las navidades se solía encontrar más y mejores tamaños.

En más de una ocasión recorría los estancos de mi ciudad comprando lo que hubiere, (he llegado a comprar hasta los de tamaño pequeño, el caso es que fueran habanos)

Recuerdo que el estanquero decía-con Franco nos fiaban en Cuba un barco de tabaco, y con estos de ahora (se refería a la democracia) ¡tenemos que pagar por adelantado!

Y ahora, si, en la actualidad tengo muchos, de hecho abastezco a bastantes amigos y conocidos, creo que habré llegado a tener unos 5.000 puros habanos. Por exagerada que parezca la cifra así es. Yo no paso de fumarme más de 4 o 5 diarios, los recibo de forma periódica y no me preocupa que se me echen a perder, ya que tengo las condiciones de conservación idóneas para ello. Una cava natural con la mejor temperatura como es una cueva en la montaña, de ahí mi locura acaparadora, y por miedo a que el filón que ahora tengo se acabe. En la actualidad en Cuba nadie tiene el puesto vitalicio (de esto hay muchos ejemplos de cualquier cubano por relevante que sea su cargo) y yo he comprado como un loco todos los puros que me han ofrecido, en seis meses habré llegado a comprar unos cinco mil puros habanos, ya corté, ahora me quedan unos 4 mil y voy a seguir abasteciendo a conocidos y amigos, y siempre al mismo precio que a mí me cuestan.

Me recreo mirando mis puros, tengo de todos los tamaños y marcas de los que se tuercen en Cuba. Ahora recuerdo el personaje de Davidoff, fue el famoso escritor Shtendal, el autor de La Cartuja de Parma. El logró tras la fama poder saciar su compra de ese habano diario y yo también, aunque son otros tiempos…

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