El tabaco cubano

Día perfecto

Era sábado, sonaba esa canción y al menos a sí entiendo yo “mi particular Ingles”. Perfect day.

Y por esas cosas de todo lo que suene a melódico o romántico, mis neuronas entienden que dicen algo dulce como para adormecer o endulzar mi sensible animo hasta entonces.

El día estaba dando para mucho en varios planos de mi vida...

Al poco rato, mi mamá octogenaria mientras almorzábamos los dos, el resto de la familia no estaba ( los jóvenes y en fin de semana desaparecen...) durante la comida que no va a soltar por su boca la experiencia de ochenta y tantos años...

-¡Nene, tu ya ves tus hijos... ¡ ellos ya tienen su vida, tú haz la tuya...

-¡Si mama, así la llamo, mama. “ Lo mamé de pequeño”, el acento se me quedó en el olvido, por eso cada vez que en la Isla de Cuba veo con que naturalidad dicen mamá... mi papá... para mí suena a finolis, me doy cuenta que dato de una generación que hoy se podría tipificar de “ carrozil” que es como hoy denominan los más jóvenes a todo el que peine canas, que se le va hacer...

El caso es que tengo ánimos como para fumarme un buen habano. Y con verdadero ceremonial tras mi almuerzo, me “premié”. Me concedí el primer premio al elegir el mejor puro de que disponía.

Quería prender un tabaco de buen grosor y buena vitola como mi auto-premiada ocasión se merecía. En el almuerzo con mi madre la vi contenta mientras los dos conversábamos. Estos eran sus consejos... ¡Vive tu vida no seas tonto!...

Por la agradable charla mientras almorzaba con mi madre, al finalizar el almuerzo, fue instantáneo él dirigirme donde guardo mis tabacos y con el rito que siempre sigo a la hora de elegir cual tamaño va acorde con el menú ingerido. Me decidí... ¡Sí hoy sí!. ¡Hoy me lo voy a fumar!.

Un tabaco que guardo como una reliquia desde octubre de 2003. Que por primera vez con mi amigo Vicente pisé la tierra de Cuba, él con una empresa mixta en la Habana. Hoy tristemente fallecido.

Mi amigo Vicente un día de los que llegaba a la casa que compartíamos en La Habana me dijo... mira lo me regalaron... nunca los había visto... un puro grueso de Cuaba, hoy los conozco por Salomón, es por su formato terminado como una especie de porra, con una pequeñísima cortadura para su encendido.

Mientras saboreo este tabaco que me apeteció “triar “ Con gran placer, me vinieron recuerdos de esos días en compañía de mi amigo Vicente recorriendo la Isla de Cuba. Recuerdos inolvidables.

Sigo con mi tabaco.

Lo estaba disfrutando con gran ceremonial, con todos mis sentidos, al tacto, sabor y con la vista. Viendo como las volutas de humo de un color grisáceo, que del puro se desprendían, dibujaban en el aire graciosas figuras abstractas.

¡Caballero! “Como cabalga”, sé esta portando... lleva consumido un 50% del mismo y la ceniza resiste a caerse, esta dando la talla... y mi amigo Vicente sin verlo.

Pues yo no la voy a tirar, no voy a golpear con mi dedo la misma, para que descanse en el cenicero, ya caerá. Que sea la fuerza de la gravedad la que haga esa función. Lo que no evita que mi atención sea de una paciencia inusual ( la ocasión lo requiere) la larga ceniza color gris acero sigue resistiendo.

Confieso que aquel tabaco pudo más que yo, tras el almuerzo y aporreando mi ordenador, la modorra, el sueño me vencía en día caluroso del mes de agosto y por miedo a que la ceniza cayera sobre el teclado lo apoyé en el cenicero y poco a poco me quedé frito( dormido)

Calculo que me despabilaría a los 15 minutos, estaba apagado pero la ceniza intacta sin desprenderse, para volverlo a encender ya tuve que golpear con mi dedo índice la ceniza, quería terminar de fumármelo, me apetecía seguir saboreando aquel tabaco de tantos recuerdos como los que guardo del amigo que me lo regaló y en la Habana.

Quería llegar al final de la fumada y dejar el cabo reposar en el cenicero para que ese gran puro “tuviera una muerte digna” no sin antes desprenderle la anilla y guardarla entre mis objetos de tabaco.

De algunos puros guardo recuerdos de haberlos saboreado hasta quemarme las yemas de los dedos... de este puedo decir sin temor a equivocarme que no me defraudó, que pasará a engrosar la larga lista de los que guardo en mi retina fumadora como de los mejores y con más sabor desde hacía bastante tiempo.

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