El tabaco cubano

Todos los caminos conducen al habano

Quizás el ejemplo más elocuente de la demanda de los puros cubanos en el mundo es el hecho de que el servicio de aduanas de Estados Unidos confiscó sólo el pasado año 1,1 millones de dólares en este tipo de producto, todo un récord si se tiene en cuenta que dos años atrás la cifra sólo rondaba los 140.000 dólares.Todo parece indicar que el humo de los habanos, como una venganza, es capaz de burlar el férreo bloqueo que impide su venta en ese país, desde hace más de 30 años.

Pero si se diera el milagro de que el presidente Clinton, quizás en un acto de suicidio político, levantara, al menos, las restricciones comerciales, los cubanos no tendrían la suficiente cantidad de habanos que demandaría de inmediato ese gigantesco y reprimido mercado de fumadores.

Con una demanda mundial estimada en más de 200 millones de tabacos torcidos, la producción cubana de este año sólo alcanzará la mitad, según han anunciado fuentes oficiales.

Sin embargo, semejante cifra podría llegar a ser la mayor de este último lustro, tras una depresión del cultivo de la hoja que comenzó con la cosecha de 1991-92.

La crisis económica se hizo sentir en este tradicional renglón económico que llegó a ocupar el séptimo lugar de las exportaciones de la isla con ingresos del orden de los 100 millones de dólares.

Sin embargo, en 1994, la producción exportable hacia el mercado mundial bajó a 55 millones de dólares, contra 115 millones obtenidos en 1990, último año de la bonanza socialista antes de la caída del Muro de Berlín.

La falta de financiamientos y el consiguiente déficit de combustible, fertilizantes y otros insumos que provenían con anterioridad del CAME fundamentalmente, provocaron el deterioro acelerado de las vegas. Así se vino abajo la producción de habanos que llegó a colocarse en 52 millones de unidades en 1993.

Todas esas carencias materiales y la suma de contingencias climatológicas y una ineficiente política de estímulo a ese tipo de trabajo, hicieron que los rendimientos por caballería alcanzaran sólo 128 quintales en 1994.

Un crédito por 40 millones de dólares extendido por Tabacalera S.A. de España y otras casas vinculadas al comercio del habano, posibilitó detener la caída en picada de un cultivo, orgullo nacional, que data desde el siglo XVI.

La cosecha 94-95 fue la que frenó el deterioro. Ya desde ese momento comenzó un proceso de crecimiento que podría llevar a la isla, para el año 2000, a la elaboración de 200 millones de tabacos torcidos.

El salto de la producción de la campaña 95-96 ascendente a 70 millones de habanos, a la de 100 millones que se pretende este año, puede dar una medida de cómo andan las cosas.

Según el ministro de la Agricultura, Alfredo Jordán, la nación caribeña aspira para el próximo año elaborar 160 millones de habanos. La política oficial es poner a producir cuanta tierra tenga condiciones para cultivar la solanácea.

De hecho, ya se han incorporado al cultivo más de 16.000 vegueros que han recibido en usufructo pequeñas parcelas en tierras aptas para ese cultivo. Ellos se han motivado ante la política de incentivación material promovida por el Estado que incluye pago de primas en divisa.

El país dispone de 3.500 caballerías, pero el propósito es crecer en más de 1.500 en los dos próximos años y lograr rendimientos de 300 y 400 quintales por caballería en igual etapa.

Aun así, los rendimientos resultan bajos. En términos generales este indicador se comporta a nivel nacional en 128 quintales por caballería. Los especialistas consideran que hoy sólo se le extrae a las plantaciones, como promedio, sólo la tercera parte de lo que pueden dar.

En cuanto a la hoja de capa la situación es mucho más compleja y no se logran los niveles requeridos aún. Entre cosecheros privados y estatales la diferencia en los rendimientos resulta abismal.

Un veguero como el célebre Alejandro Robaina, logra hasta el 85 por ciento de la cosecha de este tipo de hoja, mientras empresas gigantes como la Lázaro Peña, en la provincia de La Habana, muestra indicadores tan discretos como de poco más del 20 por ciento.

Contra la eficiencia productiva conspiran, además, la fuga de recursos materiales por pérdidas y desvíos, el mal manejo en el secado, la inestabilidad de suministros de industrias nacionales anexas, el control de los recursos humanos y financieros hasta el bajo aprovechamiento de la hoja en las fábricas.

En la más occidental de las provincias cubanas, Pinar del Río, se concentra la producción del 70 por ciento de la cosecha nacional, destinada, en su abrumadora mayoría, hacia la producción de habanos de exportación, por ser este territorio de condiciones inigualables en el mundo para lograr tabaco de excepcional calidad.

Para la cosecha que se avecina deberán plantarse allí unas 2.700 caballerías y buscar aprovechamientos de la tierra cultivable superiores al 60 por ciento.

Unos 10.000 trabajadores incrementarán la mano de obra para tan exigente cultivo. En la actualidad la cadena productiva del tabaco da empleo entre propietarios privados, cooperativistas, obreros del Estado, a unas 80.000 personas de los cuales 60.000 reciben estímulo salarial en moneda dura.

La industria tabacalera está considerada una de las más dinámicas de la rama agrícola en esta etapa de recuperación de la economía cubana. El costo de su producción alcanza hoy 65 centavos de dólar, sin incluir los portadores energéticos. El interés de las autoridades es reducirlo en la cosecha venidera a 40 centavos incluyendo el combustible.

El sector tabacalero resulta crucial para la economía cubana en su afán por revertir la crisis recesiva que la azota desde principios de la actual década. Lo es también para el sistema agropecuario del país.

El tabaco, junto a los cítricos y la miel, constituyen hoy por hoy, los soportes financieros de la agricultura cubana.

Cultivos como la papa, arroz, café y viandas y hortalizas son posibles gracias a la moneda dura que genera la venta de habanos. Se estima en unos 50 millones de dólares los destinados a tales cosechas.

Para Habanos S.A., entidad comercializadora del codiciado producto, con más de 30 marcas y 700 vitolas, Cuba estará en condiciones de comenzar a satisfacer la demanda de sus actuales clientes a partir del venidero año.

Existen solicitudes para crear 50 casas del habano en diferentes partes del mundo, sin contar los incrementos que solicitan las 27 ya existentes.

En Londres, por ejemplo, el pasado año, durante la presentación de la nueva marca de puros Cuaba, en sólo 24 horas se vendieron 20.000 de estos tabacos.

Aunque la competencia mundial por el mercado aún no encuentra un producto como el cubano, no es menos cierto que países como República Dominicana, Jamaica y Honduras, están en franco proceso de expansión de sus industrias tabacaleras con el propósito de ocupar el nicho de mercado que no llena la mayor de las Antillas.

Estos tres países colocan más de 60 millones de tabacos torcidos en Estados Unidos y Europa. Incluso se han detectado falsificaciones de marcas cubanas procedentes de esas naciones, según informaciones publicadas en medios de comunicación norteamericanos.

Más allá del techo que impone el cultivo de la hoja, la producción de habanos y la calidad, la industria tabacalera cubana tiene posibilidades de expansión a mediano plazo mediante la producción nacional de cigarrillos para la exportación.

El primer año de experiencia productiva de la empresa mixta BrasCuba así lo anticipa. Formada por 25 años y con repartición de las ganancias al 50 por ciento, la industria elabora las marcas Populares, para el mercado en divisa de fronteras, y el Continental, para Sudamérica.

Claro que será un trabajo paciente y riesgoso, pero no menos tentador y prometedor. Tiempo al tiempo, afirman expertos brasileños de la poderosa entidad brasileña Sousa Cruz, asociada en este empeño con Cuba.

En suma, sin optimismo desmedido, todo pudiera indicar que con una política integral acertada, todos los caminos conducen al habano.

Viernes, 09 de Diciembre del 2005

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