El tabaco cubano

Donde fumar es un timo

Gran escándalo hubo en Holguín al conocerse de la extendida producción artesanal e ilegal de cigarrillos. La magnitud del negocio puede inferirse por lo que informa la policía sobre la ocupación a un ciudadano, de apellido Martínez, de 12 mil cajas de la marca Criollo, de mayor demanda, y 593 de la marca Titán, perfectamente selladas.

Cada cajetilla, con veinte cigarrillos, tiene precio de siete pesos. Los suministradores ilegales las venden a cinco pesos a empleados del comercio minorista, quienes las revenden al público al precio oficial.

Las vías de obtención de la materia prima son muchas. Abdiel Pérez, director de la empresa estatal cigarrera de Holguín, explica que hay extracción de la hoja en rama o desmenuzada, y también de barreduras (desperdicios en el proceso productivo), contaminadas y con exceso de humedad, causa de la deplorable calidad, por mala combustión, del cigarrillo falsificado. Por ello los cigarrillos falsificados, con marcas y envases aparentemente auténticos, carecen de calidad y son un timo al consumidor.

La tripa de los cigarrillos es extraída en complicidad con trabajadores y custodios de la fábrica, a pesar de que en ésta se ha implementado un método de vigilancia supuestamente más estricto, que incluye el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), para evitar sustracciones del producto elaborado durante en el traslado hacia los almacenes, y de los desperdicios cuando van al vertedero y a la agricultura.

Los sellos de las cajas se imprimen en la empresa estatal Geocuba. El papel de cigarrillos con marca impresa, de importación, es robado de la factoría y de Geocuba.

La fábrica Lázaro Peña, de Holguín, genera desechos de entre 15% y 20%, con destino al vertedero y a la agricultura, como abono orgánico llamado tabaquina. Pero como se ve, también sirve de materia prima a los productores ilegales.

El trayecto desde la fábrica a los almacenes resulta otra vía para estafar al irritado fumador. Los fabricantes ilegales truecan a empleados de almacenes las cajas (con cincuenta gruesas) de cigarros falsificados, por igual cantidad de cajas de cigarros legítimos y les pagan cuatrocientos pesos por cada caja cambiada.

El colmo es que por esos chanchullos, problemas técnicos, productivos, de suministro de materia prima, transporte, distribución o burocráticos, en ocasiones escasean en el mercado los cigarrillos legítimos, cuyo nicho es ocupado por los ilegítimos.

Como los planes productivos y de comercialización son nacionales, las afectaciones en Holguín repercuten en otras provincias. Se debe recordar que ilegalidad parecida ocurre con la venta de tabacos habanos falsificados a visitantes extranjeros, elaborados generalmente por expertos tabaqueros.

La Aduana, para proteger el habano ante la extendida práctica fraudulenta, tiene que exigir el certificado de compra en establecimientos estatales, a la hora de autorizar su extracción del país. Pero ni siquiera tales exigencias impiden que en otros países los fumadores también sean timados cuando creen estar fumando habanos legítimos de Cuba.

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