El tabaco cubano

El arte de torcer

El XIV Festival Internacional del Habano ha reunido a centenares de personas en Cuba esta semana.

Uno de sus mayores atractivos, aprender la técnica de torcer un puro habano a mano.

Valiéndose únicamente de una tabla de madera, una guillotina y goma vegetal, de la habilidad de los torcedores depende el acabado del cigarro.

La mayoría de torcedores en Cuba son mujeres.

Las ventas internacionales de los lujosos puros cubanos crecieron un 9 % en 2011.

Torcer un puro es "arte" según coinciden quienes practican ese centenario oficio en Cuba en el que esta semana se iniciaron unos 500 amantes del tabaco en el XIV Festival Internacional del Habano en la isla, un festejo de productores, hombres de negocios, pero especialmente de los fumadores.

La experiencia de elaborar un puro habano "Cañonazo" reunió en una sala del Palacio de Convenciones de La Habana a muchos participantes del Festival en una conferencia y clase demostrativa sobre la técnica del torcido "totalmente a mano", que se llenó de público y de los aromas del tabaco que se comercializa como el mejor del mundo.

La 'chaveta' (cuchilla) y un pequeño tablero unieron codo con codo a centenares de aficionados provenientes de España, Japón, China, México, Alemania, Gran Bretaña, entre otros países, que se interesaron por la experiencia de elaborar un puro bajo la tutela del maestro cubano Arnaldo Ovalle.

Paso a paso, el experimentado torcedor, director general de la fábrica habanera El Laguito, donde se elaboran los famosos Cohíba, indicó a los improvisados artesanos el proceso hasta concluir el producto que disfrutaron con la vista, el tacto, el olfato y el gusto.

Después de liar las hojas de la tripa, prensarlas y colocar el capote, el torcedor corta la capa con una guillotina, la enrolla y termina el habano sellando la hoja con una resina incolora e inodora. Ovalle dijo que esta clase es ya tradicional dentro del programa del Festival y tiene el objetivo de que los asistentes "valoren lo difícil que es hacer un habano y garantizar que el tabaco cubano tenga la calidad óptima".

"Torcerlo y después degustar un puro hecho por mis propias manos es algo que no olvidaré, es todo un ritual", dijo la francesa Catherine Laporte, entre bocanadas de una humeante vitola de Partagás, una de las marcas más antiguas del portafolio de la corporación Habanos.

Pero para ella, el momento más difícil fue "lograr aprisionar" las capas de la aromática hoja del tabaco para que quedaran "compactas". Complejo proceso de elaboración.

El riguroso y complejo proceso de elaboración del tabaco comienza con la siembra y acaba con el sellado del envase de los puros, tras recorrer el largo camino que va desde la curación y la fermentación al añejamiento y la selección.

Los torcedores son un pieza fundamental en la elaboración de un buen puro. Valiéndose únicamente de una tabla de madera, una guillotina y goma vegetal, de su habilidad depende el acabado del cigarro.

En la actualidad, la mayoría de los torcedores cubanos son mujeres, que demuestran la habilidad y fuerza de sus manos en las fábricas de la isla.

Un torcedor "estrella" puede elaborar en un sólo día entre 60 y 150 habanos dependiendo del tamaño y la forma de la pieza.

El siguiente paso es responsabilidad del escogedor, que selecciona los puros por colores, distinguiendo hasta 60 tonalidades.

El tabaquero isleño José Castelar Cairo, registrado en cinco ocasiones como el autor de los puros más largos del mundo en el libro inglés de récords Guinness, ratifica esa opinión, y asegura que lo más complejo "es darle la forma al tabaco".

'Cueto', como es conocido Castelar en los ambientes del tabaco, explicó que "después que la tripa está cogida, se empapela, se le da prensa y después se le pasa la capa", y recomienda a los aprendices del oficio "pensar en el cliente que lo va a fumar y cumplir con los requisitos fundamentales".

El mayor de sus puros lo confeccionó el pasado año con una medida de 81,80 metros de longitud, después de su debut con uno de 11 metros y 4 centímetros en el año 2001, el segundo alcanzó 14,86 metros, en 2003, el siguiente lo llevó hasta 20,41 metros en 2005, y el cuarto lo alargó hasta 45,38 metros hace dos años.

"Ligar bien y evitar que la tripa se tuerza" porque torcer "es un arte" y "para ser un tabaquero bueno, se nace, pero también, sumar interés a la habilidad de los movimientos de las manos".

El arte de torcer, envasar y presentar habanos confeccionados a mano apenas si se ha modificado en los últimos dos siglos y, según los expertos, conocerlo es parte de la liturgia del buen fumar.

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