Deportes

El deporte en Cuba está perdiendo glamour. Ya no es aquel crucero de placer donde los cubanos descansábamos y encontrábamos muchos motivos para sentirnos bendecidos por haber nacido en este archipiélago. Si uno lo mira bien (al deporte en Cuba), como si fuera un turista deseoso de descubrir su destino, encontraríamos una imagen parecida a de la Habana Vieja en la distancia: un pedazo de ciudad colosal, con un centro histórico alucinante, imponente, pero que si nos adentramos, vemos que buena parte de esa belleza se cae a pedazos.
El flujo de atletas que deciden marcharse para probar fortuna fuera de casa, ahorita se vuelve río y luego mar (las estadísticas van en puro ascenso), porque no solo las estrellas deciden emigrar. Ya hasta los menos dotados, los de menor talento, también recogen sus maletas y dicen adiós.
De ser una potencia en muchos de los deportes más practicados a nivel mundial, hemos pasado a ser una cantera, una empresa de exportación de atletas que cocina y entrega deportistas a la carta.
Por Abraham Jiménez Enoa

Violencia en el deporte cubano

Violencia buena y violencia mala. Naturaleza, antecedentes y causas de la violencia en el deporte cubano.

Durante un partido de pelota entre los equipos Matanzas y Villaclara, el pasado 18 de febrero, el pitcher villaclareño Freddy Asiel Álvarez propinó dos pelotazos al matancero Yasiel Santoya. Luego, después que le conectaran un jonrón, golpeó con otro lanzamiento a Víctor V. Mesa. Y el escenario quedó listo para el desenlace. El matancero Demis Valdés se dirigió al pitcher y, en el forcejeo, asestó un batazo en el rostro del jugador de Villa Clara Ramón Lunar.

Dos días después, la Dirección Nacional de Béisbol informó las suspensiones: a Freddy Asiel de la actual Serie Nacional, a Demis Valdés por un año de todo evento oficial, al árbitro Osvaldo de Paula definitivamente del actual torneo, y una amonestación al resto de los árbitros, supervisores y comisarios técnicos.

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José Caridad Méndez

LA GRAN EPOPEYA DEL DIAMANTE NEGRO

Como historiador del béisbol en general he leído centenares historias acerca de lanzadores, peroooo, ninguna como la del cubano José Caridad Méndez Báez . Conocido como "EL DIAMANTE NEGRO" es uno de los más grandes de esta posición en la historia del béisbol cubano. Muchos eruditos de la materia lo señalan como el mejor pitcher de todos los tiempos de este litoral. De no haber sido por discriminación racial en la tierra del Tío Sam hubiese sido una super estrella en el norte.

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Chícharo, el profesor

De Cuba no se fueron tantos boxeadores cuando Castro liquidó, unilateralmente y sin consultar con nadie, el pugilismo profesional: Santos Menéndez, José Legré, Jose Stable, Luis Manuel Rodríguez, Jose Angel Nápoles “Mantequilla”, Ultiminio Ramos, Pedro Miranda, Hiran Bacallao-que viró en 1962, a meses de una pelea por el campeonato mundial mosca-, Douglas Vaillant, Chico Véliz, Emil Duvergel “Baby Luis”-este boxeador, una promesa de gran alcance que desperdició sus facultades en la mala vida, fue tío del juniorwelter Candelario Duvergel, de buen boxeo y poca pegada-, Issac Logart residía en Nueva York y Manuel Armenteros en México; abandonaron Cuba todos los “hombres de boxeo” como Benito Fernández, Oscar Martínez Conill, Guillermo Henríquez, Ernesto Corral, Cuco Conde…

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Velocidad por manteca

CAE LA ESCUELA CUBANA EN TURQUÍA POR DECISIÓN

Desde que llegaron, se organizó el culto a “la escuela cubana de boxeo” hacia los trainers “de resultados de alto rendimiento olímpico”: los mejores, los que más saben… sobre todo, ratificado por los que menos saben: ellos mismos, los boxeadores y el público incluso. En este orden de cosas hay tela para discutir, porque, hasta la Federación Amateur Americana contrató a un esbirro sembrado: Pedro Roque. Supongo que cobre menos que un médico de “alto rendimiento” a 61 dólares el mes, una de las razones por las que están contratando a estos individuos… El mejor trainer cubano de boxeo profesional, que es una filosofía que no tienen los “egresados con mil y un títulos inservibles de Lomonosov, Kiev o Praga”, es Ismael Salas, del nivel de los mejores del circuito rentado.

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Armando Capiró

UN DESPERDICIO INCREÍBLE

En la Cuba de antes cualquier pelotero o boxeador de condiciones era “descubierto”, si vivía en el campo, por recomendación de alguien con cierto poder económico y un par de “relaciones”; entonces se lo proponían al circuito amateur, donde podía jugar, si era blanco, en la Liga Nacional; si negro, en la Liga Interfuerzas Armadas, en la Semi-Profesional, en la Social o, después de 1944, en la Liga Azucarera Pedro Betancourt, que la formaron novenas de Las Villas y Matanzas, por lo general Centrales.

Otra liga que se organizó para competir contra la de Pedro Betancourt fue la del ex pelotero Alberto Hernández, conocido como Saguita, sin resultados satisfactorios por el poder económico de la competencia.

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Tiene que ganar el 21 en Cleveland

Posiblemente el zurdo Ángelo Santana (foto lateral con su trainer Jorge Rubio) y Ramcés Barthelemy, sean los peleadores criollos con menos experiencia amateur.

Tampoco son del tipo que provocan bulla porque generen historias fastuosas difíciles de ratificar en la acción, ni porque exhiban un palmarés de más de 250 peleas entre “aficionados”, apoyados por la inútil e inefectiva, aunque rimbombante, auréola de premiados en torneos que de nada sirven cuando firman como profesionales y comienzan a actuar por dinero; a fin de cuentas, el amateurismo es una vitrina de bisoñas promesas con defectos que el profesionalismo deberá mejorar técnica y filosóficamente en cualquier deporte.

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Asdrúbal Baró

“Si volviese a nacer sería pelotero nuevamente, porque el béisbol es mi vida”.

Así lo expresó Alberto Asdrúbal Baró Hernández… a sus 81 años de edad.

¿Pero quién es este Asdrúbal, quien nació en el poblado de Mayarí, actual provincia de Holguín, el 21 de noviembre de 1926?

Bueno, para empezar, debo decirle que en su glorioso tiempo recio toletero jardinero central por excelencia y quien se caracterizó por ser un bateador por demás oportuno, hay una riquísima historia de béisbol que vale la pena conocer y compartirla con usted.

Y para no irnos a otros escenarios, allende la frontera, ubiquémonos entre 1960 y 1961 cuando llegó al querido Aguila de Veracruz:

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Adolfo Luque

No fue hasta el 1918 que Adolfo Luque vistiendo el uniforme de Cincinnati el gran lanzador inició su carrera meteórica y triunfal en el mejor béisbol del mundo. En su tierra natal Cuba, participó con el Habana y el Almendares. Formó con Mike González una batería a tan poderosa que muchos la consideraron superior a la que formaron José Méndez y Strike González, dos grandes ases de color cubano. Entre sus hazañas data como el único cubano en jugar por 20 campañas en las Grandes Ligas, como jugador y coach.

Comenzó en (1913) con el equipo de Long Branch, (1914) Boston, (1915) Toronto, (1916-17-18) Loiusville, (1918-1929) Cincinnati, (1930-31) Brooklyn y (1932-1935) New York (LN) (1932-1935). En 1923 ganó 27 juegos contra 8 derrotas con un porcentaje de 771 y un promedio de carreras limpias de 1.93. Por muchas temporadas Luque formó con Pancho Snyder, veterano receptor, la mejor pareja de coaches en la Grandes Ligas. Se dice que estaban muy compenetrados y en pasar señas eran dos colosos de la llanura.

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Las academias y el béisbol cubano

Cada vez que un cubano de esta época, en medio del más absoluto desconsuelo por la decadencia acelerada del beisbol en la Isla, mira a un futuro incierto para el juego, lo primero que le viene a la mente es, “¡…no y que abran las academias allá…Muchacho, cuando eso ocurra se acabo el play!”

Castro tuvo academias provinciales desde mediados de los 60’s; pero no tuvo entrenadores ni pelota ni espectáculo de clase; porque, por ejemplo, a Ray Gavilán, de Pinar del Río, a ningún equipo cubano de antes de 1961 se le hubiera ocurrido contratarlo como entrenador en ninguno de los circuitos de importancia, amateur o profesional; sin embargo, fue coach de bateo de los Vegueros; ni a Emiliano Tellería, ni a Pedro Chávez, ni a Jorge Fuentes, ni a Servio Borges, ni a Roberto Ledo, ni a Jose Joaquín Pando, ni ah… no, eso tal vez descanse en posibilidades en la mente de quien no conoce el béisbol cubano: el entrenador fue uno de los aspectos que hicieron grandioso un béisbol que jamás volverá a ser igual, combinado con una clase administrativa de profesionales exitosos en circunstancias ajenas al terreno y que pusieron, por amor al juego, su capacidad y su fortuna personal en función del desarrollo de la pelota: eran hombres que sabían como crecía el dinero y no como los que tienen el béisbol en Cuba en propiedad hoy, que no son brillantes, ni capacitados, ni amorosos con el pasatiempo y para quienes el dinero esta ahí para robárselo; pero, ¿A quién le interesa ese cuento ya?

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Los que no salían al terreno de juego

Aun en medio de la prohibición impuesta de la historia del beisbol profesional previo a 1962, todavía algunos cubanos de generaciones recientes son capaces de nombrar ex jugadores como Méndez, Marrero, Dihigo y un par más.

El hecho de haberse perdido completamente el conocimiento sobre las formas de comportamiento del profesionalismo, sobre sus intereses y proyecciones, hace que el cubano atribuya la fuerza de aquella pelota al hombre que brilló en el terreno; incluso, fuera de Cuba, pocos tienen en cuenta que, lo que se logró antes de 1962, no es responsabilidad del jugador…

La grandeza de nuestro beisbol, su patriarcado absoluto, su clase sin cuentos ni exageraciones está asentada en las bases en que se constituyeron “las oficinas” de aquella pelota: presidentes de ligas, dueños de clubes, j’ de relaciones publicas, promotores, tesoreros, vocales…hasta la prensa nacional.

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El Pasillo - Una Liga Cubana diferente

¿Cuántas ligas de beisbol profesional funcionaron en Cuba? A saber, la Liga Cubana de Beisbol Profesional de Invierno, conocida por lo nacionales como Liga Cubana, Liga Invernal; o, sencillamente, cuando ya uno esta totalmente familiarizado con los términos de aquel beisbol, “el champion”; a finales de los 40’s, específicamente en 1946, también existió la Liga de Verano, que fue un campeonato especial organizado por las autoridades deportivas gubernamentales para estimular el desarrollo del juego en toda la Isla. Aunque eran peloteros conocidos del circuito unionista o de la Liga Inter Fuerzas Armadas, varios con experiencia en Méjico, en la propia Liga Cubana, las Ligas Negras o las Ligas Menores del Beisbol Organizado, no lograron hacer exitoso el calendario y el circuito desapareció más rápido que lo que “un merengue a las puertas de un colegio”.

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