Deportes

El deporte en Cuba está perdiendo glamour. Ya no es aquel crucero de placer donde los cubanos descansábamos y encontrábamos muchos motivos para sentirnos bendecidos por haber nacido en este archipiélago. Si uno lo mira bien (al deporte en Cuba), como si fuera un turista deseoso de descubrir su destino, encontraríamos una imagen parecida a de la Habana Vieja en la distancia: un pedazo de ciudad colosal, con un centro histórico alucinante, imponente, pero que si nos adentramos, vemos que buena parte de esa belleza se cae a pedazos.
El flujo de atletas que deciden marcharse para probar fortuna fuera de casa, ahorita se vuelve río y luego mar (las estadísticas van en puro ascenso), porque no solo las estrellas deciden emigrar. Ya hasta los menos dotados, los de menor talento, también recogen sus maletas y dicen adiós.
De ser una potencia en muchos de los deportes más practicados a nivel mundial, hemos pasado a ser una cantera, una empresa de exportación de atletas que cocina y entrega deportistas a la carta.
Por Abraham Jiménez Enoa

Una leyenda incompleta: Teófilo Stevenson

Mi joven amigo y brillante cronista mexicano Ismael Rubio, me envió un “dossier” sobre el heavyweight cubano amateur, tres veces campeón Olímpico, Teófilo Stevenson, que me indujo a escribir este comentario.

El problema que existe con Piropo (como le llaman en su pueblo), es que sus éxitos como aficionado están ahí; su superioridad en un circuito que pareció hecho a su medida está ahí; pero ciertas contradicciones también.

Hay una idea que mucha gente no expresa por miedo a ser catalogado como un exagerado desconocedor, pero quisieran decirla y es que el cubano hubiera noqueado a Mohamed Alí, lo que basan con su desempeño en el olimpismo; sin embargo, a nadie de esta gente se le ocurre ni sugerir por quién sabe qué, ¿Qué hubiera pasado si Joe Louis, Armstrong, Alí, Monzón, Durán, Chávez, Leonard o el mismísimo Robinson se hubieran mantenido toda su vida atlética entre aficionados? Y, por decencia, por honestidad y por sportsmanship, que es el resultado de todo lo anterior, deberían.

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Llegó la sanción de Livan

No hay forma humana de que el Beisbol Organizado me haga pensar de otra forma que no sea mal cuando de algunos cubanos que actúan en Grandes Ligas se trata, uno de ellos, el tremendísimo pitcher derecho Liván Hernández.

Resulta que al villareño del brazo incansable, pitcher de hierro en tiempos de damas que hacen como que juegan pelota, lo relacionaron con “Angelo Millones”, un delincuente boricua cuyo principal hobby era traficar drogas y otros entretenimientos de mayor rigor.

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Recuerdos deportivos

Soy deportista, quien no lo es en Cuba.

Crecí como muchos cubanos recordando cada dos por tres aquel hermoso 25 de julio de 1976, en el que aún siendo niño, nos apretamos frente a un televisor ruso a ver las Olimpiadas de Montreal. Aquel inolvidable día en que Alberto Juantorena se convirtió en héroe de todos los niños cubano. 1:43:44 se convirtió en la cifra mágica a alcanzar cuando nos fuimos a la cama, el record que sólo unas horas antes el elegante de las pistas había tatuado en nuestra memoria. A partir de ese día cada niño cubano descolgó el altar hecho a los ídolos importados y soñó con ser como él. Muchos fueron los momentos desde entonces en los que el corazón de aquella isla unido en uno solo se convirtió en una canción que hablaba de paz y de amor a la patria… a pesar de los pesares.

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