Deportes

El deporte - Exitos de la Revolución Cubana

Cuando se habla o escribe sobre Cuba, se observan generalmente posiciones equidistantes, lo cual impide hacer valoraciones justas que incluyan a la vez los errores y los aciertos, o viceversa. A lo largo de las últimas cinco décadas, sin dudas se han acumulado innumerables desaciertos, los que al no ser corregidos oportuna o eficazmente, han conducido a un único camino: el estancamiento; pero desde mi punto de vista también existen importantes logros que bajo un prisma de coherencia no pueden dejar de ser considerados y expuestos en su justa dimensión. Solo así podremos evaluar objetivamente lo que ha sido Cuba en su período revolucionario. Sin embargo, es cierto que muchos de los logros que se ha adjudicado la revolución cubana y que ha exhibido como estandarte a nivel internacional para hacer propaganda respecto a las ventajas del socialismo, desde hace años han comenzado a mostrar signos de debilidad, porque en definitivas todo tiene un ciclo y hay que estar consciente de ello, siendo ésta la única forma de poder realizar las correcciones necesarias que permitan ajustarse a los nuevos tiempos.

Se sabe que en la esfera social la revolución desde su comienzo puso un énfasis especial. La educación, la cultura, la salud y el deporte, se convirtieron en objetivos prioritarios. Los resultados alcanzados en relativamente poco tiempo sustentaron la propaganda del sistema. Las estadísticas, las cifras y los indicadores adquirieron voz propia, sirviendo para establecer comparaciones con el resto de los países del denominado Tercer Mundo y por supuesto que también con los países desarrollados. Con sobrada euforia en cualquier tribuna se exponían los satisfactorios resultados logrados por el país, frutos de un nuevo sistema socio-económico, superior en teoría al capitalismo.

El deporte ha sido quizás el sector en el que las comparaciones resultan más evidentes y donde los resultados pueden ser apreciados por un mayor número de personas y medios de comunicación. Las competencias deportivas enfrentan a equipos y deportistas de una nación contra otras, y en ese terreno de lucha fraternal el pequeño país caribeño logró superar con creces a todos los países subdesarrollados y a importantes potencias mundiales. Derrotar al equipo de béisbol de los Estados Unidos en los campeonatos mundiales, en los Juegos Panamericanos o luego en los Juegos Olímpicos, adquirió una dimensión casi estratégica. El Comandante disfrutaba con las continuas derrotas que el equipo cubano le inflingía a los yanquis, no solo por demostrar la superioridad del país frente a su archienemigo, sino también porque desplazaba al terreno deportivo la lucha ideológica. A los entrenadores del team Cuba se les podía llegar a perdonar no ganar un torneo de béisbol de primer nivel, pero nunca perder ante un equipo de los Estados Unidos.

La revolución no solo masificó el deporte, sino que practicarlo o asistir como espectador a un determinado evento no significaba desembolso de dinero alguno, convirtiéndolo entonces en lo que se definió como un “derecho del pueblo”. El sistema deportivo se estructuró partiendo desde las escuelas a los centros de iniciación deportiva y los centros de alto rendimiento. La Educación Física pasó a formar parte de la malla curricular en los centros de enseñanza, desde la primaria hasta la universidad. Se fomentó el desarrollo de determinados deportes como el kárate, el judo, la lucha o el polo acuático, a la vez que se potenciaban otros en los que se tenía cierta tradición, como el béisbol, el boxeo, el atletismo y la esgrima. Técnicos y entrenadores de los países del desaparecido campo socialista viajaron a la isla para hacerse cargo de la preparación de los deportistas, contribuyendo además a la formación del personal técnico cubano. El Instituto Superior de Cultura Física asumió la responsabilidad de garantizar la formación de especialistas con grado universitario. Como organismo encargado del desarrollo, la dirección, supervisión y control de la actividad deportiva se creó el INDER, “Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación”, por supuesto, monitoreado por Fidel, involucrado directamente con todo lo que tuviese que ver con éste sector. Cuantiosos recursos se destinaron a la actividad deportiva, sobre todo de primer nivel.

Los logros deportivos sirvieron de estandarte para pujar por organizar unos juegos continentales que se concretaron en el año 1991 y que por cierto, fueron los primeros en que el país quedó en primer lugar en el cuadro de medallas, aunque se sabe que en esa ocasión su férreo adversario (Estados Unidos) asistió con una delegación de segundo nivel. No se conoce con exactitud los recursos que debieron invertirse para organizar estos juegos, pero se convirtieron en una cuestión de honor. Luego se subió el nivel y las pretensiones, al aspirar a organizar unos juegos olímpicos que por el momento no se han podido materializar. No faltaron los que se preguntaron con qué cuenta el país para hacer frente a la organización de unos juegos de semejante envergadura.

En un plazo de tiempo relativamente corto el país comenzó a evidenciar los resultados alcanzados. La participación en eventos deportivos internacionales aumentó a la vez que el número de medallas conseguidas por los deportistas cubanos creció significativamente. De importar técnicos y entrenadores el país pasó a ser un “exportador” de éste tipo de recurso a un número importante de países. Estudiantes extranjeros viajaron a la isla para estudiar carreras universitarias vinculadas al deporte o realizar cursos de nivel superior, incluyendo maestrías y doctorados. Deportistas de otras naciones comenzaron a viajar frecuentemente a la isla para entrenarse. A la industria deportiva también se le trató de dar un impulso, aunque en este aspecto los resultados no fueron los mismos.

El protagonismo de Cuba a nivel internacional, avalado por la cosecha de títulos y el quinto lugar en los Juegos Olímpicos de Barcelona, le sirvió a la dirección del país no solo de propaganda, sino también para intentar establecer posiciones. La lucha denodada en contra del deporte profesional se hizo permanente, pretendiéndose como en otras tantas cosas, convertir al país en un bastión de la defensa del amateurismo. Supuestamente los deportistas cubanos no son profesionales, porque no cobran por el deporte, a pesar de que los de alto rendimiento se dedican exclusivamente a la práctica del deporte y reciben un salario (bajo e insuficiente, desestimulante, es verdad) por un puesto de trabajo que no desempeñan. La batalla se perdió, porque finalmente el COI aprobó la participación de los deportistas profesionales y Cuba siguió con su férrea posición de no aceptar la nueva realidad, a pesar de las consecuencias. Para las olimpiadas de Seúl (1988) el propio Fidel encabezó y promovió una denodada lucha en pos de lograr que los juegos contemplaran a Corea del Norte. Menudo dolor de cabeza le propició al COI tratando de poner de acuerdo a coreanos del norte y el sur. Finalmente, al igual que en la olimpiada de Los Angeles en 1984, Cuba no participó. La lucha ideológica y política se libró también en el terreno deportivo.

En resumen, la política aplicada en el deporte rindió los resultados esperados y en menos de treinta años (1964 a 1992) se pasó de ocupar el lugar 33 en una olimpiada al quinto puesto en los juegos de Barcelona. A nivel histórico el país acumula 193 medallas en Juegos Olímpicos (está entre los veinte primeros países por número de medallas) y 1793 en Juegos Panamericanos, ocupando el segundo lugar, por encima de naciones como Canadá, Brasil, México y Argentina. Pero no todo ha sido un camino de rosas para ésta maravilla de la revolución…

Si bien es cierto que el deporte en Cuba dio muestras de un cambio no solo cuantitativo, sino también cualitativo en relativamente pocos años, también es verdad que no ha escapado a los efectos de la crisis económica, al esquematismo y el voluntarismo de un sistema evidentemente agotado.

Con la llegada de la crisis, uno de los estandartes de la revolución cubana se vería seriamente afectado por la falta de recursos necesarios para sufragar los implementos deportivos, el mantenimiento de las instalaciones y costear los viajes al exterior para participar en competencias internacionales o para el trabajo de entrenamiento, imprescindible en los atletas de alto rendimiento. La necesidad de encontrar fuentes de financiamiento con las cuales sostener semejante movimiento deportivo condujo a aplicar determinadas fórmulas, como por ejemplo, enviar entrenadores y preparadores a otros países o incluso permitir la contratación de deportistas en equipos extranjeros, algo que se hizo con cierta timidez. Sin embargo, como siempre ha sucedido, se obvió la realidad y las medidas llegaron hasta donde no afectaran los principios o hasta el punto en que el gobierno no perdiese el control sobre los deportistas, un activo más de la revolución y del sistema.

Otro de los factores que afectó a este sector fue la desaparición del bloque socialista, no solo por la implicación que esto tuvo como desencadenante de la crisis, sino también porque los deportistas se quedaron sin la posibilidad que ofrecía el intercambio deportivo con estos países, algunos de ellos potencias en el deporte internacional, como fue el caso de la antigua URSS y la extinta República Democrática Alemana.

Como es sabido, en Cuba socialista nunca se ha permitido la posibilidad de que los atletas se contraten en clubes o equipos extranjeros profesionales, a no ser algunas excepciones entre las que cabe la de los miembros del equipo masculino de voleibol o peloteros retirados que se contrataron en equipos de la liga japonesa. En lo fundamental, la lucha frontal de Fidel contra el profesionalismo en el deporte ha impedido que se acepte que este hecho es una realidad, privándose a buenos deportistas de poder desarrollar una parte de su brillante carrera en equipos profesionales.

A pesar de que Cuba sigue siendo una nación con importantes resultados en el ámbito deportivo, no se puede ocultar que la incidencia de la crisis se ha visto reflejada en la pérdida de posiciones a nivel internacional en los diferentes deportes. En éste sector no es posible manipular las cifras, porque los resultados quedan expuestos para todo el mundo. Las estadísticas hablan por sí solas:

  • En los Juegos Centroamericanos y del Caribe del año 1998, se obtuvieron 334 medallas (191 de oro), mientras que en los celebrados en el año 2006 se cerró el medallero con 285, de ellas 138 de oro. Por el contrario, México, que quedó en segundo lugar en ambos años, pasó de 219 medallas en 1998 a 275 en los juegos del 2006.
  • En los Juegos Panamericanos de 1995[1] los deportistas cubanos ganaron 112 medallas de oro y un total de 238. En los Juegos Panamericanos del 2007 se ganaron 59 de oro y en total 135. De todos modos Cuba mantuvo el segundo lugar que ha estado ocupando desde 1971.
  • En cuanto a los Juegos Olímpicos, del quinto lugar ocupado en Barcelona en 1992 con 14 títulos olímpicos, se pasó a la posición 28 en los juegos de Beijing en el año 2008, con solo dos medallas de oro. En los juegos de Atenas, Grecia (año 2004), por primera vez desde la cita de Montreal en 1976, el país quedó fuera de las primeras diez posiciones[2].

En el deporte nacional, el béisbol, después de treinta años de hegemonía absoluta y de satisfacciones para los aficionados y el Comandante, en las dos últimas copas del mundo el equipo de Estados Unidos ha logrado alzarse con la medalla de oro, relegando a Cuba a la segunda posición. Al parecer no ha sido casualidad. En el voleibol femenino, las múltiples campeonas olímpicas, mundiales y de la Copa del Mundo, fueron derrotadas en los Juegos Centroamericanos del año 2006 por el equipo de la República Dominicana y en el campeonato mundial del mismo año quedaron en la séptima posición. En el masculino, del segundo lugar en el año 1990 y el tercer puesto en 1998, se pasó a ocupar el lugar quince en el último torneo celebrado en Japón en el 2006. En la Liga Mundial (masculina), un torneo creado en 1990 que otorga premios en metálico, hasta 1999 el equipo cubano había ganado una medalla de oro, cinco de plata y una de bronce, es decir, en diez torneos disputados se subió al podio siete veces. A partir del año 2000 solo ha conseguido una medalla de bronce en el 2005 y dos cuartos puestos en 2009 y 2010.

El atletismo refleja una situación particular, pues a pesar de que en los últimos campeonatos mundiales se ha descendido posiciones (del 5to lugar en 1995 al 9no en el 2007), la caída ha sido menos pronunciada, sobre todo si se tiene en cuenta que en el campeonato del 2003 se ocupó el lugar once, es decir, se mejoraron dos puestos. En esgrima, deporte en el que el país tuvo nada menos que un campeón olímpico en el año 1900, de 1990 a 1997 se obtuvieron seis medallas de oro en campeonatos del mundo, ubicándose entre los siete primeros lugares. En el campeonato del año 2002 no se obtuvo ninguna medalla, situación que se ha estado repitiendo en los torneos de los años 2003 al 2009.

Como todo debe decirse para no perder objetividad, el boxeo y el judo son dos de los deportes en los que el país ha mantenido una posición destacada a nivel internacional, a pesar de que en el primero -si nos atenemos a los cambios que ha experimentado en la tabla de posiciones en los campeonatos mundiales- se ha ido perdiendo supremacía. Si bien en el año 2001 el equipo cubano terminó en primer lugar con siete medallas de oro, en el 2005 mantuvo esa posición pero con cuatro títulos, mientras que en el 2009 terminó en tercero con un solo título. Cuba desde hace muchos años ha sido una potencia en el boxeo, incluso antes de la revolución hubo destacadas figuras en éste deporte. En cuanto al judo, en el campeonato de éste año el país fue relegado a la posición quince.

Esto es lo que ha estado sucediendo con la participación en las citas más importantes del deporte a nivel internacional, pero el problema tiene otra arista de la que lamentablemente no se dispone de estadísticas: el éxodo. La pérdida de deportistas, entrenadores, preparadores, por una u otra vía, ha estado siempre presente, sin embargo, en los últimos veinte años se ha hecho más pronunciada. El temor por la deserción de los atletas ha llegado al extremo de optar por no participar en determinadas competiciones cuando no se responde a las exigencias del gobierno en cuanto a la “protección” de los miembros de la delegación cubana. El ejemplo más reciente es la negativa a participar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrado en el verano del 2010 en Puerto Rico, aduciendo inseguridad y tratamiento discriminatorio por parte del gobierno de los Estados Unidos. La presencia de personal de la seguridad del estado en las delegaciones al extranjero ha sido una práctica habitual, dedicados a “controlar” los movimientos del personal y a tratar de averiguar qué piensan y de qué hablan. La simple sospecha de una posible deserción ha sido motivo más que suficiente para no integrar un equipo nacional o incluso para ser apartado de la práctica deportiva. A pesar de semejante labor una cantidad incalculable de deportistas, entrenadores, técnicos, han logrado escapar a donde consideran pueden intentar hacerse de un lugar que les permita mejorar su nivel de vida, conscientes de que los “estímulos” dirigidos que les otorga el gobierno cubano son insuficientes o simplemente no responden a sus potencialidades y expectativas. Desde los miembros del equipo elite de voleibol, agasajados por el mismísimo Comandante después de su participación destacada en la Liga Mundial de 1998, hasta los peloteros, boxeadores, baloncestistas, futbolistas y un largo etcétera, engrosan la larga lista de los “desertores” o “traidores” a la revolución y la patria.

El mundo ha cambiado y en Cuba no se han querido dar cuenta de esto, pero lo peor es la obsesión de pensar que todo le pertenece al gobierno y sobre todo a Fidel, dueño de los destinos de los más de once millones de cubanos que viven en la isla. Semejante equivocación solo ha llevado al país y a la sociedad a una encrucijada, de la cual no se sabe cómo se va a salir sin perder el control o sin poner en peligro el decadente socialismo, o lo que es lo mismo, el poder. Es posible que la realidad termine por imponerse, como ha venido sucediendo en los últimos años, pero mientras no se acepte con pragmatismo y sentido de responsabilidad, las cosas seguirán de mal a peor.

El deporte, uno de los baluartes de la revolución, da muestras de agotamiento, tal y como sucede con el modelo cubano.

[1] No se incluye los Panamericanos de La Habana donde se obtuvo el primer lugar por las condiciones en que se desarrollaron esos juegos, con un equipo de Estados Unidos de segundo nivel.

[2] En los Juegos Olímpicos de 1984 y 1988 por decisión del gobierno Cuba no participó.

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