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Chícharo, el profesor

De Cuba no se fueron tantos boxeadores cuando Castro liquidó, unilateralmente y sin consultar con nadie, el pugilismo profesional: Santos Menéndez, José Legré, Jose Stable, Luis Manuel Rodríguez, Jose Angel Nápoles “Mantequilla”, Ultiminio Ramos, Pedro Miranda, Hiran Bacallao-que viró en 1962, a meses de una pelea por el campeonato mundial mosca-, Douglas Vaillant, Chico Véliz, Emil Duvergel “Baby Luis”-este boxeador, una promesa de gran alcance que desperdició sus facultades en la mala vida, fue tío del juniorwelter Candelario Duvergel, de buen boxeo y poca pegada-, Issac Logart residía en Nueva York y Manuel Armenteros en México; abandonaron Cuba todos los “hombres de boxeo” como Benito Fernández, Oscar Martínez Conill, Guillermo Henríquez, Ernesto Corral, Cuco Conde…

Se fue el 98 % de la prensa del sector y se fueron los mejores entrenadores, sobre todo Kid Rapidez y el único que merece verdaderamente el título de “profesor”, el maestro Luis Sarría, que no logró triunfos olímpicos; sino que preparó a todos los campeones cubanos con base en la Cuba de antes y, aquí, en el Gimnasio de la calle 5ta. Sarría fue trainer, second y cutman de todos los campeones de Angelo Dundee a partir de 1960, de tal modo bueno, que todo el mundo sabe que en Zaire, faltando 37 minutos para subir contra Foreman, el avión que trasladaba al cubano desde París se retrasó 20 minutos, entonces “El Mas Grande” le dijo a todo el mundo: “…la pelea empieza cuando llegue el negro y, si no llega hoy, no empieza…”; porque Sarría no solo era buena trazando una estrategia de pelea, sino que era capaz de ver el efecto que podía causar un golpe que casi nadie apreciaba como desvastador…

Asi era este hombre de bueno; además, se fueron otros entrenadores de gran nivel como Richard Riesgo, Kid Tunero, Fillo Echevarria, Carón González…

¿Que quedó en Cuba? Muchos peleadores profesionales, algunos hechos como Paul Díaz, Julio Carreras… otros, prometedores, peleando a 8 y 10 rounds como Gonzalo Diago, Guillermito Valdés, Tano Marrero, Agustín Carmona, Jorge Núñez, Dinamita Ventosa, Enrique Garmuri, Cristóbal Zaragosa y muchos más que vieron cómo se les esfumaba el sueno juvenil de alcanzar fama y fortuna a través del deporte preferido.

También quedó allá el primer grupo de amateurs que iniciarían la construcción del Imperio de Mentiras, de los profesionales de estado del boxeo castrista; eran peleadores que entrenaban, en 1961, en los gimnasios profesionales, incluso los preparaban Luis Sarria y Kid Rapidez, entrenadores de la Comisión de Boxeo, durante un tiempo; es decir, que tenían como espejo a los boxeadores profesionales y utilizaban la técnica profesional, por eso les fue difícil alcanzar el exito absoluto en el amateurismo, porque su raíz era profesional, divorciada del mal boxeo amateur y de su falsa e inoperante defensa: Roberto Caminero Pérez “Chocolatico”, Ignacio Hita, Roberto Cesé, Osvaldo “Sansón” Riverí, Gerardo “Pogolotti” Arceo, Enriquito Martínez “El Huracán de Belén”, Orlando LaRosa -sparring preferido para Douglas Vaillant-, Mario Benítez, Andrés Molina “Santa Bárbara”, Felix Betancourt “La Panterita”, Marino Bofill, Macuto Martínez…fueron una buena tanda de amateurs que, al lado de los que alcanzarían fajas mundiales durante los sesentas, aseguraban la plenitud de la década de no haber ocurrido la tragedia política.

Entonces comenzaron los laboratorios con el objetivo de ganar medallas en todos los niveles, con la falsa intención de reflejar resultados que contentaran al pueblo, pero con la verdadera de que lo mantuvieran alejado de realidades evidentes y peligrosas; así como de crear, a través del boxeo y otros deportes, un arma de propaganda ideológica intervencionista en Latinoamérica.

A finales de los 60's, con Chícharo Sagarra como trainer de la selección, pero manejado por un grupo de soviéticos que dirigían todo y a los que “EL PROFESOR” no se podía imponer, comenzó el lavado de cerebro del fanático cubano, cuando, liquidado todo vestigio de la técnica americana utilizada en Cuba, impusieron la pésima y decadente soviética, a partir de las criminales reglas amateurs -recuerde que es un estilo sin defensa, hecho para dar y recibir, completamente parado y por la cara-, y pregonaron a todos los vientos, desde finales de los 70's, la invención de Enrique Garmuri, equivocadamente repetido por boxeadores como Yuriorkis Gamboa y el fanatico desconocedor y poco analitico, que, despues que ganaron el Mundial-78, nacía “la escuela cubana de boxeo”, que nadie en su sano juicio sabe qué es ni cómo se aplica, porque no se observa ni en el ring ni el entrenamiento

Pero, como tenían a su disposición todos los boxeadores de un país histórica y tradicionalmente cantera de boxeadores; pues, a pesar de corromper el boxeo cubano, todavía esos pugilistas son mejores que los amateurs del resto del mundo.

Sin embargo, entre 1962-98, como en la pelota, contaron con jueces y referís que compraban no solo con dinero, sino con viajes a Cuba a disfrutar de hoteles y playas con gastos pagados; como hacían los soviéticos, los búlgaros…que les regalaban una vacacioncita al Mar Negro, Sochi o Karlovi Vari…y les aseguraban el voto para que continuaran en niveles altos de cada disciplina, como sucedió con el japonés Kawachima en boxeo, o con un umpire colombiano en home durante el juego en que Isasi escondió la bola contra USA en Cartagena-1970.

El circuito judicial boxístico amateur, durante la era previa a la Caída del Muro de Berlin, fue un relajo favorable al Pacto de Varsovia.

Entonces comenzaron a exportar entrenadores para que les aseguraran la participación de varios naciones, sin desarrollo deportivo, en torneos hechos en sus paises: Cuba, el Giraldo Córdova “Cardín”; Rumania, “El Cinturón de Oro”, Dresde… con boxeadores sin técnica y de ninguna experiencia; por lo que, muchas veces, un campeon olímpico cubano, o soviético…de 200-300 peleas, comenzaba por el canal # 1 contra alguien de Mauritania, Togo, Guinea Ecuatorial, que tenían, la mayoría de las veces, 9 peleas, 8, 10…

Para hacer mas degradante y desvergonzada la actuacion castrista, los países de reconocido prestigio como Estados Unidos, Méjico o Puerto Rico, no iban con sus estrellas, porque saltaban muy raápido; pero, cuando podían enviar aunque fuera uno, ganaban oro o plata: un nino de 17 años nombrado Alfonso Zamora, con menos de 50 peleas amateurs, se enredó a palos con un peso gallo cubano de 27 años y 300 combates; la decision fue dividida en Munich-72; en 1968, Francisco “El Morocho” Rodríguez ganó oro para Venezuela en Mejico-68 y el boricua de 18 años Wilfredo Gómez, derrotó por decisión al propio Orlandito dos veces, en Colombia y en República Dominicana y desbarató literalmente a Jorge Luis Romero en el Campeonato Mundial La Habana-1974.

Lo que hicieron los americanos en Montreal-76 todo el mundo lo sabe, de ahí salieron Leonard, los Spinks, Leon Randolph y Howard Davis…

Todo ese tiempo ganando medallas, haciendo campeones de poca o ninguna oposición, estuvo Alcides Sagarra, el una vez intocable “Chícharo”, Héroe Nacional del Trabajo en un país donde lo menos que se hace es eso… ídolo-fantoche de gente, incluso por aquí, que, ni de boxeo ni de historia conocen nada e incluyo a algun que otro entrenador-hombre nuevo.

Producto de “esa escuela” son los preparadores que llegan aquí, a quienes el fanatico de Castro cree que son mejores que Ray Arcel, Nacho o Angelo.

Si algo hizo Sagarra en Cuba, además de que tenía ojo aceptable para el novato de promesa, fue liquidar la carrera de muchos peleadores, a quienes, con lesiones graves, no les paraba el pleito llamándoles cobardes, ni les reducía la carga de trabajo, por lo que ganaban un evento, pero perdían la carrera como hizo con Douglas Rodriguez en Munich-72, que perdió en cuartos de finales con un brazo fracturado desde el segundo round; con Juan Bautista Hernández, peso gallo, que desde la segunda pelea hasta la 5ta, por el oro la peleó con el metacarpiano de su mano derecha destrozado en Moscú; o como Jose Gómez, con fractura doble del menisco izquierdo desde la cuarta pelea…incluso con Enrique Carrión.

Eso, encumbrar su nombre, no el de los peleadores, pretendiendo “comerle el cerebro a Castro” hizo mejor que nadie en Cuba Alcides “Chícharo” Sagarra.

Hoy, aunque fuera de la selección castrista, viaja en su auto, vive en una gran casa robada y goza de todas las comodidades que no tiene ninguno de los boxeadores que ayudaron a construir la mentira hecha imperio del boxeo cubano a las ordenes de él;

Si quiere conocer cómo viven y mueren en Cuba estos hombres, averigue por una película documental que está en los videos y se llama NOCAO A LA VIDA…a ver si Chícharo es mencionado por alguno de ellos como interesado en cambiar su terrible presente en un lugar que, dicen, todo el mundo es igual, donde no se cansan de criticar a los profesionales que, nadie lo dude, viven mucho mejor que ellos despues de retirarse.

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