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Las academias y el béisbol cubano

Cada vez que un cubano de esta época, en medio del más absoluto desconsuelo por la decadencia acelerada del beisbol en la Isla, mira a un futuro incierto para el juego, lo primero que le viene a la mente es, “¡…no y que abran las academias allá…Muchacho, cuando eso ocurra se acabo el play!”

Castro tuvo academias provinciales desde mediados de los 60’s; pero no tuvo entrenadores ni pelota ni espectáculo de clase; porque, por ejemplo, a Ray Gavilán, de Pinar del Río, a ningún equipo cubano de antes de 1961 se le hubiera ocurrido contratarlo como entrenador en ninguno de los circuitos de importancia, amateur o profesional; sin embargo, fue coach de bateo de los Vegueros; ni a Emiliano Tellería, ni a Pedro Chávez, ni a Jorge Fuentes, ni a Servio Borges, ni a Roberto Ledo, ni a Jose Joaquín Pando, ni ah… no, eso tal vez descanse en posibilidades en la mente de quien no conoce el béisbol cubano: el entrenador fue uno de los aspectos que hicieron grandioso un béisbol que jamás volverá a ser igual, combinado con una clase administrativa de profesionales exitosos en circunstancias ajenas al terreno y que pusieron, por amor al juego, su capacidad y su fortuna personal en función del desarrollo de la pelota: eran hombres que sabían como crecía el dinero y no como los que tienen el béisbol en Cuba en propiedad hoy, que no son brillantes, ni capacitados, ni amorosos con el pasatiempo y para quienes el dinero esta ahí para robárselo; pero, ¿A quién le interesa ese cuento ya?

El concepto academia en el béisbol profesional cubano se empleó en el seno de la tremendísima administración de los Cubans Sugar Kings, el club de Triple-A que logró el urbanista Roberto “Bobby” Maduro para la capital y que, todavía, no le han hecho, ni a Maduro ni a los Cubans, verdadera justicia.

Hoy, 50 años después que la horda barrió con los Azucareros, el club cubano se mantiene como única propiedad de alto nivel competitivo del Béisbol Organizado que haya podido alcanzar algún país de América Latina.

Fue en los terrenos del antiguo club Ferroviario, del reparto Luyanó, que se inauguró la Academia de los Cubans Sugar Kings; a Morón, en Camaguey, también llegó “la escuela” del club con una sucursal, para lo que remodelaron totalmente el estadio de la ciudad y le acondicionaron a exigencias del béisbol profesional.

En la academia de los Cubans también se efectuaban los try-outs a jugadores jóvenes sin contrato ni clasificacion, que llegaban allí desde todos los rincones del país a tratar de impresionar a un equipo de verdaderos expertos, como Corito Varona o Regino Otero, que les garantizaría mantenerse en la escuela, a la vez que les aseguraba el pasaporte hacia un club de Liga Clase D afiliado en relaciones de trabajo a los Rojos de Cincinnatti, club del Viejo Circuito que tenía relaciones de trabajo con los inolvidables Cañeros.

En esa academia estuvieron Atanasio “Tani” Pérez, Nelson Morera, Miguel La Rosa, Israel Centelles, Borrego Alvarez, Jorge Taylor (hermano de Tony), Cándido Andrade, Pedro Carrillo, Juan Carlos Iglesias, Martín Dihigo jr…Algunos no jugaron con el club de Triple-A, incluso no pudieron hacerlo en la Liga Cubana por la llegada del castrismo; pero muchos sí pudieron continuar por algunos años como profesionales de Ligas Menores en Estados Unidos o en México, incluso en Grandes Ligas.

En la academia los sometían a exámenes físicos, médicos y dentales y les trataban cualquier síntoma de enfermedad; sin un diente casi llegó Tani Pérez a la academia y le trataron los problemas bucales; allí les enseñaban un mínimo esencial de inglés para que se iniciaran pudiendo, por lo menos, pedir agua y comida cuando salieran hacia acá contratados; allí recibían dosis obligatorias de moral y cívica y, en el terreno de juego, los atendía una batería de lo mejor de la asistencia al pelotero inexperto que, es obligado decir, era lo mejor de América Latina en su época, porque se impusieron con sus conocimientos aquí y en casi todos los países de habla hispana del área, como Willy Calviño, Corito Varona, Regino Otero, Preston Gómez, Tony Castaño…

Eso era esa academia, la escuela de los Cubans Sugar Kings, el equipo del slogan famoso “Un Paso Más y Llegamos” que apadrinaba y mantenía en todo el país el mejor circuito infantil y juvenil jamás soñado en Cuba, Los Cubanitos, a todo lo largo y ancho de la Isla: equipitos de noveles de categorías 9-10, 11-13, 15-16 que, con el espíritu de Bobby Maduro, soñaban con integrar un día la franquicia venerable de la Liga Internacional con sede en el Estadio del Cerro.

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