Deportes

Béisbol y revolución

No existe en la historia un jefe de estado que haya intrevenido de moso tan conspicuo y prolongado en el deporte nacional de su país como Fidel Castro lo ha hecho con el béisbol de Cuba. Los debates en torno a Revolución Cubana que han sido tan numerosos que poca personas han destacado este fenómeno le han dedicado un análisis detenido.

Supongo que para algunos es un tema ligeramente humorístico, frívolo en comparación con otros muy dolorosos que atañen a la isla; para otros, en cambio, cosntituye la prueba del espíritu juvenil y sencillo del Máximo Líder. Pero debido al arraigo y la importanacia de la pelota en la historia y la cultura de Cuba, la relación del Comandante en Jefe con el deporte nacional está lejos de ser un asunto insignificante.

El papel de Castro en el deporte cubano durante la etapa revolucionaria es sin duda una tema significativo. En cierto sentido, define el béisbol cubano de 1959 a la fecha, un periódo histórico tan largo como el que va de principios de siglo a las Series Amateur y la recuperación de la Liga Cubana a principios de los años 40.

La extraordinaria longevidad del régimen de Castro hace imosible encontrar nada que siquiera se le aproxime en este aspecto y sólo puedo uno imaginar los más dispratados paralelos e hopótesis. Por ejemplo, es como si Franco hubiera estado involucrado profunda y visiblemente en el desarrollo del toreo en España durante su prolongado gobierno y de vez en cuando se hubiera puesto un traje de luces y bajado al coso para ensayar una cuantas verónicas.

Ignoro si Perón solía presenciar los partidos de fútbol en Argentina o si Pérez Jiménez seguía de cerca el rendimiento de los equipos olímpicos de Venezuela. Si sé que Somoza asumió la dirección del conjunto nacional de béisbol de Nicaraguense en una Serie Amateur que se celebró en Managua, pero la popularidad del béisbol en Nicaragua no puede compararse con la que tiene en Cuba y Somoza tampoco detentó el poder tantos años como Castro.

Además, ni el fútbol en Argentina, ni los deportes olímpicos en Venezuela ni la pelota en Nicaragua se gestaron en relación con una potencia política y cultural próxima a Estados Unidos y con una institución monopolística tan poderoso como el Béisbol Organizado. La pasión deportiva del Máximo Líder es también producto de la influencia norteamericana, algo inimaginable en países latinoamericanos menos moderrnizados y más vicunlados al concepto español de la relación entre el deporte y la política.

Pero hay un aspecto del asunto que parece evidente: la identidad nacional, cultural y política de la isla se formó en el marco de su realción con Estados Unidos y solo puede encederse en ese cotexto. Todas las melopeas entonadas estso años en honor de la Unión Soviética, los hermanos países del bloque comunista, el Tercer Mundo o la América Latina han sido mayormente ya la décima parte de su población, a pesar de la severas restrcciones a la emigración que ha impuesto el gobierno de la Habana.

El proceso que define la identidad nacional y política de la isla es una compleja mezcla de admiración y de rechazo hacia los Estados Unidos. La identidad contemporánea de Cuba se forjó en la segunda mitad del siglo XIX, al mismo tiempo que el béisbol se incorporara a l cultura de la nación en ciernes.

El béisbol fue un elemento genésico de la nación cubana. Un país como Cuba, concebido durante la belle époque, tenía que incluir forzozamente entre los componentes esenciales de su identidad nacional los deportes, las hazañas fisicas y las naters, elementos que definían el espíritu de la época. Por eso el Comandante en Jefe no sólo ostenta el uniforme militar verde olivo, sino que también se cubre, simbólicamente, con una gorra de pelotero.

Es en su misma persona la nación encarnada y representada el espíritu a la vez lúdico y marcial del deporte. Las reglas que esctructuran el juego generan un sentido de estabilidad como método para determinar los sucesos por venir. Un manager que ordena que el corredor robarse una base para prevenir un doble play es como un general que planifica una batalla.

La intromisión de los jefes militares en el deporte cubano, desde Machado hasta Batista, fue el presagio de lo que ocurriría después de 1959. En la paginas precendentes narré la intervención de Fidel Castro en la agonía final del béisbol cubano, así como su actuación con los Barbudos, la novena de burla cuyo uniforme ostenta en algunas fotografías que han circulado profusamente.

Pero todo eso fue apenas un esbozo de lo que sería su participación posterior en este deporte. Desde entonces, Castro ha lanzado la primera bola en la inauguración de casi todos los torneos nacionales e internacionales celebrados en Cuba. Pero a veces este papel protocolario no ha sido suficiente. Según el número de la Revista Cuba Internacional de 1965 el juego final de la Serie Nacional había atraído 32,470 fanáticos al Estadio Latinoamericano, como se denomina ahora al Gran Staduim.

Y el primer lanzamiento honorífico lo realizó Germán Lairet, representante en Cuba de la Fuerzas de Liberación de Venezuela (el regimen cubano promovía entonces la revolución en el resto de América Latina. La publicación no aclara si la comparecencia del bateador al plato fue válida para el juego o si la actuación de Máximo Líder pasó a los anales del béisbol nacional.

Pedro Chávez, que fue una de las estrellas de la pelota posterior 1959, recoradaba en una revista de 1984 cómo Castro se quedaba a veces después de que el encuentro oficial había terminado para jugar algunas entradas con los peloteros, gesto que ellos agradecían muchisimo. En agosto de 1964, Cuba Internacional publicó un reportaje gráfico sobre su participación en dos juegos, en calidad de lanzador, uno de los cuales se efctuó en el Estadio Latinoamericano.

En el, otro, celebrado en Camaguey, Castro ocupó el monticulo de la novena local y lanzó contra el equipode Pinar del Río, al que no le permitió ni un solo hit en siete entradas (cabe señalar si los bateadores pinareños trataron realmente de darle a la bola. Una vez terminado el choque el Comandante en Jefe se sentó con los peloteros en el cesped y les infligió una charla sobre los planes deportivos del gobierno.

Este artículo lo encontre en el libro CARTA DE CUBA escrito por el amigo Roberto González Echevarría de la hermana tierra de Cuba.

ROBERTO GONZáLEZ ECHEVARRíA

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