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Béisbol castrista

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Fidel Castro jugando al béisbol

Todo fue milimétricamente calculado

Marquetti, Casanova, Muñoz, Legón…eran mejores peloteros que los que desde hace 20 años representan a la tiranía; pero no jugaron nunca contra profesionales, salvo en series demasiado amistosas de las que se aprovecharon para levantar más alto, sin el menor ripio de vergüenza ni de civismo, el estandarte de “el mejor beisbol del mundo”, slogan que solo podía creer y repetir una fanaticada adoctrinada con total desconocimiento de la historia de la pelota cubana y del área.

El beisbol se alzó como un formidable enemigo del totalitarismo capitaneado por el sector profesional que, de inmediato, por presiones de todo tipo, Castro engavetó para siempre arrancándole “la niña de los ojos” al deporte nacional y cegando al público orgulloso del pasatiempo nacional, que pasó a convertirse en furibundo defensor de la campaña ideológica que representó armar un equipo fraudulentamente nacional con dinero del fondo soviético, necesario en otras áreas como la alimentación y enviarlo a ganar eventos sin calidad competitiva contra los peores representantes posibles.

Aun así, el 60 % de los torneos los ganaron con el agua al cuello contra algún que otro Dominicana o Nicaragua bastante aceptables para el nivel de juego; o contra colegiales de 16, 17, 18 años estadounidenses.

El beisbol se convirtió a través de más de 70 años en un puente de amistad sólido entre Cuba y Estados Unidos, porque se compartía el terreno allá y aquí sin bajas pasiones.

Cuba adquirió su tremendo nivel de juego porque sus peloteros se insertaron en el beisbol americano y los americanos en el nuestro durante el invierno; además de que los importantes hombres de oficina del beisbol nacional se hicieron a imagen y semejanza de los del Beisbol Organizado.

El gran beisbol que logró tener un club en la liga New York-New Jersey a partir de 1912, que ganaron en 1913 solo de jugadores criollos: el Long Branch. O los Cubans Stars del período de la era de la bola muerta en el beisbol independiente Americano.

Pero el desarrollo continuó hasta que nos colocamos en la cima junto a Estados Unidos y Canadá cuando el Beisbol Organizado recibió en 1946 a los Havana Cubans en la Liga de la Florida y en 1954 la Internacional le abría las puertas a los Cañeros de los Cubans Sugar Kings.

El futuro era una franquicia de Liga Grande para La Habana y hasta un slogan, “Un paso más y llegamos”, encabezaba el sueño que pisoteó la dictadura que arrasó hasta con la identidad nacional.

La grandeza del beisbol cubano, su desarrollo técnico, su alto grado de competitividad en todos los niveles se le agradecía a Estados Unidos, a la posibilidad que le dieron al jugador cubano de actuar en sus ligas, en sus clubes de cualquier clasificación en el Beisbol Organizado y a las Ligas Negras, que absorbieron la clase del jugador sepia nuestro a extremos de que, parte importante de la leyenda del beisbol cubano, radica en aquella pelota considerada independiente.

Por esa amistad, por ese puente que acercaba a los dos pueblos, no era posible mantener el beisbol profesional en Cuba; porque, a fin de cuentas, era un escollo para un régimen que encendía y atizaba en el pueblo el odio más enfermizo posible contra el Norte.

Entonces, para el beisbol, “la suerte estaba echada” desde el fatídico y perdedor slogan castrista de “el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava”: desde 1961, el castrocomunismo comenzó a cavar la tumba del deporte nacional ante los ojos de una fanaticada que no reclamó absolutamente nada.

La nomenclatura sabía lo que vendría al prescindir del profesionalismo y de la participación norteamericana en nuestra pelota, solo había que esperar y los tiempos malos llegaron y son irreversibles Esa gente no está dispuesta a mantenerse en el plano de hazmerreír en lo que estandarizaron como triunfo máximo de su fatal gestión; por lo tanto, la única solución que le darán a esta hecatombe indetenible de fracasos es reducir hasta suprimirlas las Series Nacionales e impulsar más el balompié como “su” deporte nacional…

Como es costumbre, nada pasará, el fútbol les entretendrá en tardes dominicales, bien en Campo Armada; bien por televisión siguiendo al Barcelona.

Una vez a Ucrania la llamaron “el granero de Europa”, pero, cuando Stalin decidió descabezar la oposición en esa región por imposición del hambre, liquidó la recolección de trigo y, ¿Qué pasó? Nada, ni nadie se acuerda del apodo famoso de la zona; sencillamente eso.

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