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El Duque ausente

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A VER ¿CUÁNTOS DEFENDIERON AL DUQUE? ¿CUÁNTOS LO SIGUIERON TRATANDO?

¿En qué periódico publicaron las entrevistas de Jorge Ebro y otros quedaditos al Duque cuando lo hicieron tierra? ¿Quedaron engavetadas? ¿Acaso ni se pensaron, porque no hubo timbales y existía un carnecito al que se respondía primero que a la familia? Porque esa gente estaba en Cuba.

Y ¿Los fanáticos del hijo de Arnaldo? ¿Cuántos iban al Wajay a apoyarlo en grupo como protesta por haberlo suspendido injustamente?

De esos jugadores-militantes de Industriales, tan “unidores” ¿Cuántos se arriesgaron defendiendo a Orlando en cualquier esquina?

Porque, si querían “unir orillas”, aquí sobran los mensajes y otras faltas de respeto politiqueras e hipócritas con que quisieron representar un sainete conocido, la cosa era ayer y allá.

Lo mejor ¿Por qué no se presentaron en la audiencia habanera, como buenos hermanos del gladiador caído en injusta desgracia, en representación del derecho del jugador a vivir y como apoyo a su defensa? ¿Sería porque, (siempre ha sido así), para este elemento bajo y despreciable, las cosas como quieran y entiendan ellos…?

Ese público que tembló de emoción ante sus “ídolos del símbolo del beisbol” ¿Cómo ha podido continuar apoyando a sicarios que golpearon a un civil indefenso, porque portaba un cartel a beneficio del esclavo de la Isla hace años y rechiflar al individuo cuando se lanzó al terreno de Fort Lauderdale, donde de nuevo “el tarrú” de Javier Méndez se banqueteó ofendiéndolo, por saberse bien protegido por elementos de un Orden Público que da asco, tanto como su cobarde presidente?

¿Dónde estuvo ese público cuando el Duque fue declarado “no persona”?

Quieren que les diga, en casa, preparándose para ver el juego del día de los Industriales y para aplaudir a Germán Mesa, que no lo trajeron porque no quisieron enfrentarlo con el Duque y el tiro les salió por la culata, porque, posiblemente, el ex pitcher yankee meditó sobre todo esto y lo que sacó en conclusiones es que esa mano de cobardes provocadores no son ni sus compañeros ni, mucho menos, sus hermanos; sino sus enemigos.

Yo no dudo que el individuo haya sacado estas conclusiones, como quiera no estuvo por allí ni se “juntó” con un elemento que le hace daño a la moral y a la decencia ciudadana.

Les respondió con lo que están acostumbrados en Cuba toda esta tralla que, con seguridad, le hicieron a él durante una etapa en que leña debió ser poco.

E hizo bien, porque aquí se puede retratar con el Duque Hernández el que lo desee, saludarlo, abrazarlo e invitarlo a un trago sin riesgo, o en Venezuela, en Dominicana…

Pero hay momentos en que el compromiso amistoso, la hermandad, para hacerla firme tiene que demostrarse en escenarios difíciles, tiene que someterse a pruebas duras y superarlas.

La división de la sociedad cubana en comunistas y demócratas desde 1959 ha sido el escenario perfecto para demostrarse el apoyo, la solidaridad, la amistad y hasta la familiaridad, si no se efectúa según los mandatos de la buena voluntad, de corazón, es porque se tiene mucho miedo o porque la militancia convierte en enemigo del castrista simpatizante a la víctima por orden “ejecutiva”.

Por pendejos o por hijos de puta o por ambas cosas se quedaron, no sin abrazarlo, que a los castro-comunistas les importa poco, sino, quizás, sin el regalo en verdes que les hubiera ayudado a “alargar” hasta el día 20 la ración de Septiembre, por la compra en el mercado negro o en la plaza de una oreja de puerco apestosa, una papa podrida y 5 libras de arroz sin pelar, a riesgo de "encolerizar a toda la familia", por la infecto-contagiosa digo.

Arocha, Hurtado o cualquier otro que “festejó” el infame aniversario no fueron reprimidos como el Duque en Cuba, por eso estaban allí.

Con su asistencia votaron a favor de los comunistas en vez de apoyar al hermano de Liván ausentándose del teatro inmoral y desvergonzado; aunque, a fin de cuentas, con este elemento no tienen que restablecer nada de allá para acá, nunca les han cortado el cordón umbilical, digan lo que digan.

Pero, en el caso del Duque, me arriesgo a utilizar la vieja frase cubana: “LOS ESTABA CAZANDO… CARAJO”, a este hombre hay que hacerle un traje del Almendares cuando hagamos el juego del recuerdo y que nadie proteste, que sobra cualquier objeción.

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