Antonia Eiriz

Antonia Eiriz (1929-1995), cubana. Es un pintora de la nueva figuración. Con influencias de Goya y De Kooning, ha creado un universo de singular intensidad dramática en el que las potentes imágenes reflejan el entorno que la rodea y su situación personal.

Esta mujer no pinta sus cuadros para que nosotros digamos: “¡Qué cosas más raras salen de la cabeza de esta pintora!” Ella es una mujer de ojos enormes. Con estos ojos cualquier mujer podría desfigurar el mundo si se lo propusiera. Pero esas caras que surgen como debajo de un puñetazo, esos labios torcidos que ni siquiera cubren la piedad de una mancha, esos trazos que aparecen de súbito como viejas bribonas; en realidad no existirían si cada uno de nosotros no los metiera diariamente en la cartera de Antonia Eiríz. Al menos, yo me he reconocido en el montón de que me saca todavía agitándome, viendo a mis ojos entrar en esos globos que ella misteriosamente halla, y, sobre todo, sintiéndome tan cerca de esos demagogos que ella pinta, que parece que van a decir tantas cosas y al cabo no se atreven a decir absolutamente nada.

Del libro “Fuera del juego” (1968) por Heberto Padilla

Las obras de Antonia Eiriz

9 imágenes
Todas las obras © Antonia Eiriz

Los monstruos de Antonia Eiriz

Antonia Eiriz (1929-1995) es una de las figuras claves de la pintura cubana, y en mi opinión uno de los pintores más poderosos dentro del expresionismo y neo-figuración del siglo 20. Su visión del mundo pertenece a esa familia de “incomodos” e “inconformes” como el Goya de las pinturas negras, el belga James Ensor, el noruego Edvard Munch y el mexicano José Clemente Orozco, cuya representación de la realidad nos sacude y golpea. Graduada de la Academia de San Alejandro, Eiriz se formó en La Habana de la década de 1950 y estuvo asociada al grupo Los Once por vía de su amistad con el pintor Guido Llinás. Cuando llega la revolución ella desarrolla un vocabulario pictórico que sin duda entra en la tendencia neo-figurativa aparecida a partir del final de la segunda guerra mundial (Dubuffet, Bacon, Antonio Saura) – pero me atrevo a decir que como pintor, Eiriz es superior no solo a estos europeos, sino que deja atrás a gran parte de sus contemporáneos latinoamericanos.

Pocos pintores de su generación tienen el conocimiento y la práctica de esta mujer en su manejo del pigmento, manchas y transparencias sobre un lienzo, una tabla o un papel. Los personajes que pueblan las obras de Eiriz son monstruos que fueron y son seres humanos, víctimas y verdugos, que gritan frente a micrófonos como el tirano de última moda y son manipulados como un redil de bestias. La honesta brutalidad de lo que pintó durante los años 60 le creó conflictos con el poder cultural del régimen de La Habana. En 1969 debido a razones familiares y presiones políticas, Eiriz dejó de pintar y se dedicó a enseñar papel maché a grupos de gente pobre de su barrio. Al llegar a Miami en 1993, volvió a la pintura con pasión y rigor y siguió pintando hasta su muerte en 1995.

Su visión pictórica, la cual es poderosa, trágica y compasiva, la sitúa como uno de los grandes pintores de la segunda mitad del siglo veinte.

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