Experiencias viajeras

Memorias del viaje a La Habana

Corría el mes de febrero de 2005:

Ahora hace un año justo que estuve en la capital habanera y he vuelto a la casa que suelo alquilar en Playa.

Mi impresión es de que he encontrado todo en general bastante más decaído en todos los aspectos.

Reconozco incomparable el Aeropuerto de Barajas al de José Martí, evidentemente no es lo mismo, pero al igual que Barajas con todo el follón que se palpa en la nueva terminal T 4, por lo que sea, esto no deja de demostrar progreso, innovación, modernidad, en síntesis, hacer, crear, seguir adelante. Sin embargo la llegada al José Martí me dio la impresión de que era al revés, como triste, todo seguía igual pero un año más viejo.

Llegó el vuelo de Iberia y el aspecto deprimente de todo el pasaje en la cinta transportadora viendo aparecer las maletas de una en una, su vieja cinta cada vez más lenta y desgastada, donde tuve que esperar una hora para salir. Dando la sensación que allí se detuvo el tiempo y que no se renueva nada.

En la ida para la casa en la ciudad se podían ver unas calles poco iluminadas, sin un alma por la calle, ni nada que denotara bullicio de capital, era la sensación de ciudad cementerio y no era tan tarde, serían las diez o las once de la noche.

Al día siguiente sobre las diez de la mañana, salí a la calle con mi botero, tenía como prioridad enviar un paquete de medicinas para Holguín me dijeron que por ferrocarril era lo más rápido y partí a cumplir mi objetivo.

El administrador de esta casa al saber de mi viaje al Isla me dijo. ¡ Haz fotos!.

Yo he visto en esta Web fotos de Cuba, pero allí todo es una fotografía sin fin que yo iba grabando en mi retina con mis miradas hacia cualquier persona, calle, paisaje de la ciudad o bicho viviente. Guardo multitud de fotos imaginarias, pero aquello es una película de larga duración, donde cada escena supera en emoción a las anteriores, personas tristes y de mejor ver también, pero poniéndolas en la balanza había más fuerza conmovedora en las primeras que en las segundas.

¡Caballero!. Que quieren que les diga, si nada más enfilar la 19 para ir al ferrocarril a enviar el paquete, por la acera de la calle mentalmente guardo en mi retina cientos de fotografías...

Un viejito con un pan en la mano de aspecto desaliñado, muy delgado, mal vestido, su pantalón delataba en las zonas trasera y delantera su incontinencia de caca y orina. Almendrones tirádos con el chofer intentando arreglarlo acompañado de los mirones de turno, los camellos llenos a rebosar que más que camellos son saunas de chatarra ambulantes, siendo blanco de la jodedera ingeniosa del cubano. ¿Camellos?.Por la peste que en ellos se respira, ¡ Se tenían que llamar Mofetas!.

Y como no, en el trayecto de ida y de vuelta para la casa como iban a faltar las siguientes escenas tantas veces vistas. Vean ese policía prieto, alto, cara de pocos amigos, en plan duro, bloc y bolígrafo en mano junto al ciudadano con carita de pedir comprensión y clemencia razonándole, que su moto, vehículo, etc. Está bien que... ¡ Yo no hice ná chico!, no me jodas compadre... Yo me alejo con mi vehículo intuyendo el resultado. Poli 1. Ciudadano 0.

Ejerciendo mi derecho a soñar... Como quisiera que transcurriesen unos años, y ver entre otras cosas modernos carros en manos de los cubanos, sería señal del cambio. Los almendrones y los Ladas ya no tendrían el privilegio de pasearse por la Habana, estarían en la chatarra, en las fotografías y en los videos de los turistas de antaño.

Llegué a la estación de ferrocarril, había que ver el control de la mujer policía en la puerta escarbando el paquete que posteriormente también lo hizo el empleado receptor del mismo. Menos mal que eran medicinas si no... En las instalaciones pude ver la cuba actual, había que ver en aquellos andenes donde en su día debió ser distinto. El aspecto de un lúgubre espacio para el menester al que allí me llevó. Las colas en cualquier lugar son fijas, la palabra ¡ EL ÚLTIMO! Está a la orden del día. Eso hice me senté en un banco de madera a oír lo que la gente decía(quejas) al tiempo que esperaban el turno para enviar sus paquetes para distintos lugares de la Isla. En ello me tiré toda la mañana.

De vuelta a la casa me recreo viendo los tarecos que adelantamos y pienso. Un año más reparando, remendando sus medios de locomoción, ¡ hay que tirar pa´lante!. Al mismo tiempo veo que cantidad de árboles hay en la Isla y que no conocía, la gente en la calle bajo un sol de justicia con la mirada perdida en espera que alguien les aligere su trayecto. Eso desgraciadamente es allí el pan de cada día.

En el regreso para la casa, hay que almorzar, me falta la compra se ha hecho tarde para ir al agro. Son las 14 h., opto por ir al súper 70. ¡ Señores que precios!. Solo hace un año que falto y todo se ha disparado. La Res estaba intocable para el bolsillo de cualquiera, la prueba es que estaba expuesta en el expositor frigorífico y se veía bastante oscurita, no tenía mucha demanda, me dirigí al carnicero y... ¡Oye chico!. ¡La vas a tener que picar para hamburguesas! Jajaja.

-Si señor, tiene menos salida, estamos a mediado de mes y... Si si pensé yo, un kilo de Res equivale casi al sueldo de un mes del cubano, en acabarse la carne que come?. Pues nada ha seguir con su inventadera.

Con la compra de lo más necesario entré en la casa y ya no salí estaba cansado del viaje, llegué a la Isla cargado como un burro. 50 Kilos de equipaje y siempre té falta algo. En la casa que suelo alquilar el dueño me contó su problema me dijo... -¡ Todo subió!. La luz, etc.

-Mira de pagarme 5 c.u.c más por día. Le contesté como no ok. No me importaba pagar esos 5 c.u.c. más por día.

Tengo muy buenos recuerdos de esa casa, en su jardín veo como él Sin Son bate sus diminutas alas manteniéndose en el aire hasta succionar el néctar de las flores. En el he comido Guayaba de una mata que allí existe, allí y en total complicidad por las tardes a un silbido mío y en total conexión, una Cotorra me responde imitando mis silbidos de una forma tal que siento cuanto nos dan los animales y que poco nos piden. O las Tortolitas comiendo por el patio de la casa.

No me he habituado al horario todavía son las cinco de la madrugada y no puedo seguir en la cama, me preparo el desayuno y prendo mi primer tabaco, con las notas de lo programado para el día espero que sean las nueve de la mañana para ver que depara el día.

Me pongo a escribir lo vivido desde que salí del aeropuerto y les aseguro que omito cantidad de detalles por no cansar a nadie, pero esos detalles son innumerables, aunque al cubano no le digan nada por lo cotidiano. Yo me he familiarizado con ellos, pero imagino al turista novato lo que sentirá, lo mismo me pasó a mí hace tres años pero ya me voy curando de espanto ( 5 viajes y más de 100 días en la Isla)

Son las nueve de la mañana, oigo el claxon del carro del botero. Luis mi chofer y escudero fiel, tras indicarle la trayectoria a seguir me pregunta. ¡Toni ven acá! ¿To eso que traes?, Veo que vamos a direcciones que tu no conoces, que no has estado nunca.

Pues mira son para gente que conozco en España y al saber que vengo me ofrezco a traer cosas sabiendo lo que aquí representan y me dice. --¡ Mira chico! El cubano está por la lloradera, ya tu sabes( me recordó algún disgustillo)

Seguíamos la ruta establecida y yo me decía ¿ seré masoquista?. El caso es que me gusta meterme en estos líos, siempre me digo... al llevar este paquete etc. A La Habana Vieja, al reparto tal etc. Voy a conocer nuevas gentes, nuevos personajes ricos en anécdotas, ricos en vivencias, no lo puedo evitar. Con la reprobación del botero pero yo sigo en mis trece y pa´lante.

Tercer día, sigo sin aclimatarme al horario me he despertado a las 6. 15 de la mañana preparo el desayuno y a recordar lo que hice el día anterior. Era sábado salí a la calle y estaban haciendo un Maratón, la gente se la veía muy animada. Se notaba un buen ambiente, a continuación partí para La Habana, tenía que seguir con el reparto de encargos que traía, sabiendo la necesidad de quien los está esperando y más cuando sus familiares de España se lo han comunicado. Alguno me costó más de un viaje por entregarlo en persona, no vaya a ser que “la cague”

Una vez finalizada la entrega de paquetes la lista de la compra y a almorzar, me eché a dormir la siesta y recordé que llevaba tres días en la capital y no había puesto la tele. ¡ Cojones! ¿Que me pasa? Quería ver la mesa redonda, el noticiero, la persona que estaba conmigo me contesta¡ eso es mierda! Si pero yo quiero verlo, vosotros lo veis todo el año y yo vengo por unos días y me hace ilusión.

Llevo tres días en la Habana y todavía no he visitado ni a la mitad de mis amistades y ya tengo en la casa más de 200 tabacos, veremos haber como los paso cuando me vaya por la aduana con la jodedera de que no se crean que son regalos.

Sábado 25 de febrero. Estoy celebrando un aniversario y en la casa, se encuentran entre mis invitados cuatro profesoras cubanas. La mayor de ellas apenas rebasa la treintena, como buenas cubanas, a la hora de la novela con una atención digna de estudio, todas a ver la novela ( la cena tiene que esperar) cogiendo sitio en el dormitorio de la casa, pues allí se encuentra el Tv.

Se dispuso él publico para el evento( ver la novela) y con antelación a la novela se emitió un reportaje de médicos cubanos en Pakistán, yo he de confesar que cuando los cubanos hablan entre ellos rápido me cuesta coger la conversación, pero durante ese reportaje entre ellas comentaban cosas no de muy buena gana.

Comenzó la novela y por mucho que les decía. ¡ Que se enfría la comida! Na, no me hacían ni puto caso, hasta que no acabó de allí no se movieron.

Todo transcurría de lo más bien, hasta que salió el tema de los trabajadores sociales. Cuando se repartieron las ollas eléctricas se iba casa por casa viendo los componentes de cada familia para ver de alojar en las casas a estos trabajadores sociales, entre ellas opinaron y más o menos eran cubanos y bueno se aceptaba, pero el reportaje que emitió la Tv. Antes de la novela de Pakistán salió a relucir y se trataba de que Cuba durante seis años traerá a estudiantes de ese país y los instalará en las casas del pueblo cubano, los incluirá en las libretas de abastecimiento convirtiéndolos en un miembro más de la familia, ahí fue cuando empezaron a despotricar del gobierno.

Desde las seis de la tarde que llegaron hasta las tres de la madrugada que duró la visita, las cuatro chicas, tres de la Isla de la Juventud, la otra de Guines, ese fue el único tema que las puso bravitas. No querían compartir sus casas con extranjeros, por muy revolucionarias que se sintieran.

Las recuerdo con gran sentido del humor. Cuándo pasé por la beca a saludarlas, el recibimiento fue con tremendo alboroto, una de ellas salió hasta con los rulos puestos, la de Guines no estaba allí, la avisaron por teléfono para que a la mañana siguiente se pusiera en camino para la cena y dejó dicho... ¡¡ Díganle a Toni qué prepare comida para veinte!!

Bueno. Esto es todo por hoy, mañana tengo que madrugar, quiero visitar Pinar del Río.

Toni. La Habana. Febrero de 2005.

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