Experiencias viajeras

Tres días

La isla desde la ventanilla del avión es una de las mejores visiones que se puede imaginar. Venir de la oscuridad a la luz, a donde el sol brilla aquí como Dios manda durante todo el año es sólo comparable con la eyaculación. La aeronave ya sobrevuela varadero ¡Las playas! ¡OH, las playas cuanto las he extrañado! Cuba es verde, esa isla es multicolor. Estas lágrimas son porque, quien sabe, pero igual ahí llega La Habana Y hasta suspiramos: La Habana…

El viaje París-Habana es largo, pero vale la pena con tal de pasar tres días en la isla….

- ¿Tres días? ¡¿Tres días dice usted?!

- Anjá, me voy en tres días.

- ¿Visita usted familiares en la isla?

- Mi madre, mis sobrinos, una hermana…

- ¿Cuándo fue la última vez que estuvo usted en la isla?

- Hace un año. ¡¿Oye pero si me siguen demorando aquí no voy a estar ni eso, voy a perder el avión de regreso. ¿Cuál es el problema? ¿No se puede estar tres días nada más en Cuba?

- Un momento señor voy a consultar a mi jefe.

La chica se perdió en el interior de la oficina de inmigración en busca de su jefe mientras la gente tras de sí maldecía por la lentitud del servicio de los oficiales de inmigración. Dos horas hacía que aterrizó, 11 antes había tomado el avión en París, tres había esperado en la Terminal francesa por el cambio de avión, dos horas desde casa; total más de un día en el camino. Sólo quería llegar y darse un baño… pero esta gente se niega a dejarle ir.

- Mi nombre es Izquierdo, qué puedo hacer por usted señor.

Se había acostumbrado a ser llamado señor, es lo normal; pero esa palabra en boca de un oficial de inmigración de La Habana cae como una pata´ en el culo, no suena igual, suena tan falso…

- ¿Por mí, que sé yo. La señorita sabrá.

- Permítame su pasaporte.

El tío regordete se arrellanó frente al ordenador y se acomodó lentamente las gafas de leer. Por encima de ella leía la pantalla, a través de ella posaba su vista sobre el maltrecho pasaporte.

- ¿Y dice usted que va a estar sólo tres días en el país?

- Si señor, ¿qué hay de extraño en eso? ¿Hay algún mínimo a cumplir?

- No, no. ¿Trae usted valija?

- ¿Valija? ¿? Ah ¿Maleta dice usted?

- Anjá.

- No, yo viajo sin equipaje. Pa´ tres días no hace falta más que lo que cabe en el bolso de mano.

- ¿Puedo ver su interior?

- ¡Vaya! ¡Sírvete!

- ¿No trae usted regalos? ¿No tiene familiares en Cuba?

- La respuesta a la primera pregunta es no, la segunda sí.

- ¿Viene usted de paso desde otro destino o viene desde su residencia a Cuba como destino final?

- Oye está bueno ya ¿Qué bolá, mi mujer no me pregunta tanto pa´ salir de la casa. ¿Qué es lo que ustedes quieren saber?

- Mire ciudadano, es difícil creer que después de un año venga usted a visitar a su madre por sólo tres días y no le traiga un regalo!

Ya le bajaron de categoría: de señor a ciudadano. Ahora ya empezaba la guerra. Estaba rojo de ira, por más que se esforzaba no le salían las palabras, no por miedo sino por no saltarle al cuello gordo de aquel hipopótamo detective.

- Mira men…

- Oficial, yo soy oficial por favor.

- Mira compadre yo no sabía que era obligatorio traer regalos. La vez pasada traje regalos y ustedes aquí se despacharon, me cayeron arriba como un apandilla en un callejón quitándome lo que quisieron. Este año decidí que no me cogen más de bobo. Si defraudé a las muchachitas de inmigración lo siento, pero este año no hay regalos que repartirse. Este año traigo la tarjeta de crédito y compro regalos aquí. Por otra parte, yo me meto el cabrón año soñando con el momento de pisar esta tierra, pero na´más aterrizo empieza la jodedera con inmigración, con los taxistas que me roban, con los buquenques que me ofrecen hasta su madre pa´ comprar, con las discusiones por el vuelto en el supermercado, por la comida en el restaurante que es una mierda y te cobran a precio de oro, con la mala leche de las chicas de servicio, como si yo tuviera la culpa de que pa´ ser considerado persona tengas que irte, con los policías jodiendo y haciendo preguntas, con los apagones, con el taxi que llamas y no llega, con el agua que no sale de la ducha cuando estás enjabona´o que al tercer día estoy hasta los huevos de este país. Tres días, sólo tres días bastan pa devolverme a la realidad, a los tres días lamento no haber volado a China o al medio del Sahara, allí son más pobres, pero más amistosos. Este año decidí venir sólo los días que verdaderamente disfruto y ya ves me equivoqué, esta vez han bastado sólo tres horas, ¡TRES HORAS Y YA QUIERO IRME PA´L CARAAAJOOOOO!!!!!!!!

Esta, aunque sea difícil creer es una historia real. Mi amigo volvió en el mismo avión en que voló a La Habana. Ahora, invita a su madre cada año a cargar las pilas a Europa y cuando extraña el mar y el sol del Caribe vuela a República Dominicana…

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