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La vida en una escuela interna para niños en Cuba

La vista de la "Mansión" con rejas, que espera a Elián en La Habana, ha desempolvado en mi recuerdo como transcurría la vida de un alumno interno, en una de las escuelas de Cuba, que ha dejado su impronta en mi memoria, en mi carácter y en mi vida toda; no era una escuela para alumnos corrientes, ni especial para niños de mala conducta, o con problemas mentales, NO!, era para la élite de la niñez, los que serían al decir de Raúl; "Los futuros Cuadros de Mando de las FAR", me refiero a la Escuela Militar "Camilo Cienfuegos" de Holguín.

Al principio se veía como las imágenes interiores de la "Casa de Elián", las camas arregladas, las botas lustradas, debajo de la parte inferior, la toalla doblada en la barra exterior, los closet abiertos, mostrando un impecable orden. Los baños relucientes, el TV en cada "Salón de Reuniones", y sobre todo, aquellos muchachos que parecían soldados de miniatura!, se veían idénticos, la gorra de plato, las charreteras rojas, la hebilla con la efigie de Camilo. Tenía apenas 12 años y me parecía mentira que algún día yo pudiese vestirme así. Mi familia humilde, con antecedentes religiosos era un verdadero problema para ser aceptado. Un viejo amigo de mi padre, con suficiente influencia hizo posible mi sueño.

El primero de Septiembre de 1972, fui aceptado. No cabía en mi, mi sueño de ser algún día piloto de guerra podría hacerse realidad. Sin embargo, a las pocas horas de estar allí supe que diferentes iban a ser las cosas los próximo 6 años. Un siniestro personaje apareció de pronto en mi vida, como sacado de un relato de presidio; el sargento Reynaldo Tomas Moya. Un negro racista, que no ocultaba su desprecio a los "blanquitos".

Al día siguiente nos enviaron para la agricultura, a una granja en la zona de La Jíquima, cerca del poblado de San Andrés, en Holguín. En plena temporada de lluvias, con el fango arriba del tobillo, me entregaron un machete que casi me llegaba al hombro. -"Aquí lo que hay es chapea" -dijo el primer día el Jefe de Lote- "Para que me mandan esos niños?. Para que se hagan hombres!, fue la respuesta de Moya.

No me voy a extender, por razones de espacio. Solo contare que nos ponían metas como a los agricultores adultos, las manos las deje en el machete, primero ampollas, luego sangre, me vendaron las manos y me mandaron de nuevo para el campo, criticándome por ser "blandengue", Tenia, 12 años, y me castigaban si no cumplía mi norma, el Sgto. se burlaba de mi en público y azuzaba a los alumnos mayores para que me golpearan, fue muy duro...

El la ciudad, terminada la agricultura, el menú del día eran los castigos, por cualquier motivo nos castigaban, recuerdo una vez que unos muchachos mayores lanzaron al polígono varios tubos de luz fluorescente, como no aparecieron los culpables, nos hicieron marchar descalzos sobre los vidrios. Una noche de Enero, cuando mas arreciaba el frío, había pasado la hora de silencio pero algunos seguían haciendo chistes, Moya se levanto, prendió las luces y nos hizo salir a formar en ropa interior en el polígono, luego de más de media hora en atención, nos puso a marchar, descalzos, semidesnudos y nos obligó a cantar himnos revolucionarios, eso se prolongó pasada la media noche. Era muy común que los castigos fueran de noche, nos levantaban a las 11:00 pm y nos ponían a limpiar los urinarios y los inodoros, a oscuras, como ya habían cortado el agua había que acostarse con el mal olor arriba hasta el día siguiente.

A veces nos castigaban con los alimentos; nos ponían a marchar a la hora de almorzar hasta las 2:30 pm. cuando ya teníamos que ir para las aulas, y apenas daba tiempo a comer algo. El castigo predilecto, hacer un hoyo en que uno cupiera y luego taparlo, o correr con una colchoneta cargada en la cabeza, cualquier cosa era preferible al castigo mayor, perder el pase. Moya se ensañaba particularmente con algunas fechas especiales, con el cumpleaños del desafortunado o el día de las madres, En esos casos era muy duro ser castigado con la privación del pase. Si alguno no soportaba aquello y se "rajaba", la escuela avisaba al comité militar y al cumplir los 16 años lo sacaban de donde estuviera y lo enviaban al servicio militar, que en mi época significaba Angola o Etiopía.

Pobre de Elián si lo envían a Cuba, Quién sabe lo que le harán cuando este lejos de las cámaras y tenga frente a si a un Sargento Moya en bata de psicólogo o pediatra?, que le podrán hacer para que se olvide de Miami, de su escuela y sus amigos?, no quiero pensar en ello, pero el solo recuerdo de mis vivencias me hacen estremecerme de compasión por el infortunado niño.

Rafael Coutin (La Voz de Cuba Libre) - Domingo, 18 de Febrero del 2001

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