Educación

Lo bueno, feo y malo de la educación cubana

Recorremos La Habana en busca de los elementos de éxito de uno de los considerados mejores sistemas educativos del mundo. El déficit de profesores y la falta de expectativas pone en peligro su nivel educativo.

Nuestros profesores eran estrellas”. Yoanny, maestra desde hace 16 años y directora de una escuela rural, a media hora de La Habana (Cuba), pertenece a esa generación de cubanos que fue formada por una élite académica. Nos recibe sentada en una una silla de rejilla, en medio de un salón desangelado en el que solo hay un televisor, con el que los hijos juegan a un videojuego de fútbol (Madrid contra Barça) y un póster de cerveza Bucanero en una pared desconchada. Acaba de llegar de la escuela y se dispone a preparar algo para comer. A sus 45 años, como a las decenas de padres, profesores y estudiantes cubanos a los que preguntamos sobre las bondades del sistema educativo cubano, contesta con el mismo matiz: la educación “era” buena en Cuba.

La mayoría marca un punto de inflexión en 1992 y el comienzo de lo que se conoce como “período especial”, con la caída de la Unión Soviética y momento de grandes dificultades económicas para los cubanos. “Fue una época en la que no había nada para meterse a la boca, se comía lo que se encontraba: perro, gato, se llegó a vender el fieltro de las fregonas adobado como si fuese filete, se empanaba y aparentaba que era carne”, explica la maestra.

En esos momentos, médicos, arquitectos, etc., dejaron sus funciones para servir mesas en los hoteles de La Habana, una labor mejor remunerada gracias a las propinas de los turistas. Y, de igual modo, ocurrió con los buenos maestros, a los que, con salarios más bajos, ya no les compensaba enfrentarse a una clase de 40 alumnos, muchos de ellos llegados a la escuela sin probar bocado y con mucho estrés en casa “porque no había dinero”. Hoy, en Cuba, se habla de que en una escuela quedan profesores “de los viejos” para referirse a que es de calidad.

Lo malo

Días antes habíamos discutido sobre aquello con varios académicos y docentes de distintas etapas, en un almuerzo en la Habana, frente a un plato de espaguetis con una salsa de sobre de queso y bacon, que uno de los hijos de la casa había traído de España. “Un lujo”, explicaba Reinaldo, profesor de Arte, de 26 años, que ironizó, durante la comida, sobre las dificultades para conseguir en el mercado otros alimentos distintos del arroz, el picadillo de soja y de vez en cuando el pollo o el cerdo, que proporciona la libreta: “¿Sabes cómo mata un cubano a un ratón? Le pone picadillo de soja y un cuchillo y tras varios días comiendo lo mismo, el ratón acaba suicidándose”.

Frente a los espaguetis, unos y otros coincidieron en señalar entre 1999 y 2001 como el momento en el que la enseñanza cubana volvió a empeorar, con el comienzo de la llamada teleducación. El Gobierno de la Isla a fin de mejorar la calidad educativa, que ya no era la de antes, “inventó reducir la ratio profesor-alumno casi a la mitad”, asegura Cindy, profesora de Matemáticas, de 40 años, que explica que no se previó que aquello provocaría un gran déficit de profesores “y se tuvo que volver a inventar”. La carencia fue suplida de dos maneras, bien con la teleducación: en las aulas en las que no había profesores se colocaron televisiones con la explicación del docente grabada –en Cuba, de los cinco canales que hay, dos son educativos– y el acompañamiento de los llamados “profesores emergentes”, que eran estudiantes de Magisterio, en primero o segundo año de carrera. Cuenta Cristina, de 23 años, que ella odiaba la Química porque no entendía la explicación del televisor y no podía preguntarle dudas a nadie. El segundo invento –dice Cindy– fue la imposición: se obligó a gente del partido, sin vocación, a especializarse en aquella formación de la que más carencias había.

A aquellos dos episodios se podría añadir un tercero, que vive Cuba hoy y al que muchos se refieren como “crisis de valores”. La falta de expectativas está logrando que los jóvenes cubanos ya no quieran estudiar. “Los salarios ridículos que nos han impuesto han conseguido que poca gente quiera trabajar en lo que estudió y haga otros trabajitos que le reportan diez veces más que por los 500 o 550 pesos cubanos (unos 20 euros al mes), que de media, consigue un profesional cubano”, asegura Wilmer, arquitecto de 45 años y que actualmente vive ese problema con uno de sus tres hijos en casa. En ese particular surrealismo de Cuba al que se refiere el documental cubanobrasileño Bretón es un bebé, es común el caso de ganaderos que hablan ruso o estudiaron ingeniera nuclear y trabajan cuidando vacas o liando tabaco. “Los jóvenes ven esto y el que no se quiere ir de la Isla tampoco quiere estudiar”, añade el arquitecto.

Lo bueno

Pese a las dificultades del momento, solo una conversación en la calle refleja que el nivel educativo medio del cubano es superior al de otras partes del mundo y la mayoría conoce el caso del hijo de algún amigo que se fue a Miami y pese al cambio del país y del idioma, llegó con más nivel que la clase de acogida. Más allá de los datos –el Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativosituó a Cuba, con 648 puntos en Matemáticas de tercero, muy por encima del segundo en el ranking, Nueva León (563)–, varios elementos ponen de manifiesto este éxito educativo.

El informe Factores asociados al logro cognitivo de los estudiantes de América Latina y el Caribe, de 2010, de la UNESCO, identificó “diez lecciones de política educativa”: la atención focalizada en los estudiantes de menor rendimiento, sustituir la repetición de grado, desarrollar habilidades de liderazgo, disponer de una infraestructura adecuada, la disponibilidad de materiales educativos, la expansión de la educación preescolar en contextos vulnerables, el fomento de la paridad entre niños y niñas, las medidas para paliar la vulnerabilidad social, la atención a los niños indígenas y el financiamiento diferenciado para los estudiantes en situación de pobreza.

En Cuba, varios de estos ingredientes se observan gracias a una apuesta por la equidad desde el triunfo de la revolución, hace 53 años, cuando de inmediato la tasa de analfabetismo se redujo en un 20% en solo un año.

María de los Ángeles Flores, embajadora de la Delegación permanente de Cuba ante la UNESCO, se refiere al acceso gratuito a la educación de toda la población, como una de las claves del éxito, junto a ·la estrecha relación entre la escuela, la familia y la comunidad”, el trabajo diferenciado, “desde un diagnóstico de las potencialidades de cada educando” y la orientación metodológica.

Yoanny, la directora de la escuela rural, también nos había hablado de la atención a la diversidad como uno de los ingredientes “que nos han funcionado”. Es el caso de los Institutos preuniversitarios vocacionales de Ciencias, una serie de centros para alumnos sobresalientes. “Los institutos de excelencia por los que ha habido tanta polémica en Madrid, existen desde la época en la que yo estudiaba”, bromeó durante la conversación, un amigo de la profesora, que actualmente reside en España. La directora también hizo hincapié en la evaluación de los profesores, que son examinados una vez al año y que en función de la nota (Muy bien, bien, regular o mal), reciben un leve aumento salarial: entre 200 y 100 pesos cubanos (unos 8-4 euros); y en el plan de estudios, con un sistema que recuerda al de los países nórdicos con una fuerte incidencia en el Arte y la música, aunque algunos dicen en Cuba que esto es porque ser artista es una de las pocas formar que tiene un cubano para viajar.

Lo feo

Como en toda dictadura, en varias visitas a escuelas de La Habana nos percatemos de lo feo de la educación cubana: el afán propagandista, con murales en los que se salpican los dibujos hechos por los alumnos junto a las imágenes de Fidel y de Raúl; el hecho de que en el preuniversitario (Bachillerato) se cante el himno y por las tardes sea obligatorio ver el informativo; los libros de economía o las clases del canal educativo en las que es evidente lo bueno y lo malo y las manifestaciones que pierden su carácter voluntario, como ocurrió durante nuestra estancia, con la misa celebrada en la Plaza de la Revolución, por el Papa Benedicto XVI.

El día fue declarado festivo y en trabajos y colegios se exigió la asistencia. El pontífice abandonó la Isla con mensaje a la educación: “Es tiempo de que la fe también lleve al campo del saber”; también dijo que Cuba y el mundo “necesitan cambios”.

(Los nombres de este reportaje han sido modificados a petición de sus interlocutores).

Fuente: Lola García-Ajofrin Gigantes de la educación

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