Consejos y recomendaciones

La ciudad de las columnas

Habana, si bastara una canción para devolverte todo lo que el tiempo te quitó, canta Carlos Varela.

La nostalgia de Habáname se refleja en solares ruinosos, fachadas descoloridas y palacetes en peligro.

Con la belleza de otros tiempos de esa Habana Vieja, Patrimonio Cultural de la Humanidad: por el seguro puerto de la villa de San Cristóbal de La Habana pasaban en las bodegas de la flota real las riquezas de México y Perú camino de España.

El Malecón es su rostro. Paseo marítimo que recorrieron en un descapotable los protagonistas de Tres tristes tigres y al que se asoman las torres gemelas del hotel Nacional. Desde su suite en el décimo piso, con vista al Caribe y los atardeceres, Meyer Lansky, capo de la mafia y hombre de confianza de Lucky Luciano, controlaba la buena marcha de los negocios. Era La Habana de las salas de juego del Capri o el Riviera; de los prostíbulos de los aledaños de la calle Zanja o de Marina. La próspera y corrupta Habana de antes de la Revolución. Carros norteamericanos de aquellos días circulan todavía por las calles de Vedado y Miramar (con sus números y letras: tercera y quinta, O y N) o por las calles de Centro Habana y La Habana Vieja (con sus nombres españoles: Obispo, Virtudes...). Y es que las huellas de la metrópoli están por todas partes en un lugar que contaba con centros gallego, asturiano, canario, andaluz o catalán.

Pero también hay una ciudad de raíces africanas que esconde ceremonias de culto a los dioses yorubas. Y sus símbolos: el rojo Changó con el hacha, Ochún de amarillo con su abanico... Habana mágica de babalaos y conjuros. La música suena siempre: "qué bueno baila usted".

El aire es dulce y las miradas húmedas. Son más de dos millones afanándose en conseguir fulas (dólares) para poder comprar lo que está reservado al turista: desde leche y puerco hasta zapatos o perfumes. El sueldo en pesos y la libreta de racionamiento dan para muy poco.

En La Habana nunca te aburres: en cada ocasión, dice Zoé Valdés, te aguarda una aventura distinta, una seducción que te hace batido de mamey del corazón. Y es una ciudad que espera. Aunque no se sepa muy bien qué. "Los cubanos hemos pasado la vida esperando", escribe Abilio Estévez. Hace calor y la gente espera que ocurra algo. La Habana espera.

COMER

La Kakatua.
Paladar es el nombre de estos restaurantes familiares. Proviene de una telenovela brasileña. Desde hace tres años son legales pero sólo tienen derecho a 12 sillas. Entre 10 y 15 dólares. Calle 15, nº 1211, entre 18 y 20. Vedado. 31 10 82 (de lunes a sábado, de 11.00 a 23.00).

La Guarida.
En la casa donde vivía Diego, artista homosexual del filme Fresa y chocolate. Una impresionante escalera de mármol permite el acceso al piso / paladar de Enrique y Odeysis. Cocina con aire francés. Calle Concordia, nº 418, entre Gervasio y Escobar. Centro Habana. 62 49 40 (de 12.00 a 24.00, sábados y domingos sólo noches).

Doña Nieves.
Caserón habanero muy agradable. Comida correcta. Calle 19, nº 812, entre 2 y 4. Vedado. 30 62 82 (12.00 a 24.00 excepto lunes).

El Farallón.
Pizzas a un dólar cincuenta. Comida italiana y clientela cubana. Calle 22, nº 361, entre 21 y 23. Vedado (de 12.00 a 24.00).

Los Rápidos.
Solución para comer algo a horas difíciles. Abiertos 24 horas. Por un dólar: perro caliente, patatas fritas y refresco. Bocadillos desde 60 centavos. Hay varios.

El Aljibe.
Comer en un buen restaurante estatal (Tocororo, La Cecilia, La Torre del Mangia...) sale bastante más caro que hacerlo en cualquier paladar. El pollo es su especialidad. Al aire libre bajo techo de paja. Séptima entre las calles 24 y 26. Miramar.

MÚSICA

La Zorra y el Cuervo.
Jazz en directo con el legendario pianista Frank Emilio o con jóvenes promesas de la música instrumental. Por este club han pasado de incógnito George Benson y Wynton Marsalis. Calle 23 (La Rampa), entre N y O. Vedado.

Delirio Habanero.
Cuando no está en México es posible escuchar a Elena Burke, una de las grandes damas de la canción. Paseo y 39, junto a la Plaza de la Revolución. Cuarto piso del Teatro Nacional.

Dos Gardenias.
El célebre bolero da nombre a esta casa que alberga un monumento nocturno al kitsch:

El Rincón del Bolero.
Intérpretes románticos de otra época. A partir de las 23 horas. Séptima esquina con 26

COMPRAS

La Casa de la Música.
Muy recomendable para conseguir variedad de compactos o casetes de música cubana. Calle 20 esquina 35. Miramar.

Palacio de la Artesanía.
Perfumes, ropa, joyas, recuerdos, discos... en un palacio de 1780. Cuba, 64. Habana Vieja. Plaza de Armas.

Mercado de libros usados en una de las plazas más bellas de La Habana. Habana Vieja.

Plaza de la Catedral.
Joya de la arquitectura colonial: todos los edificios son del siglo XVIII. El mercadillo de artesanos ocupa también las calles adyacentes.

Otro mercadillo se encuentra en La Rampa, entre L y Malecón. Habana Vieja.

ALOJAMIENTO

Hotel Nacional.
Sobre un promontorio con vistas al Malecón. Se inauguró en 1930. En sus 470 habitaciones se alojaron Churchill, Ava Gardner, Errol Flynn, Rita Hayworth o Lucky Luciano. Sobre 100 dólares. Calle 21 y O, Vedado. 33 35 64.

Hotel Ambos Mundos.
Hemingway vivió aquí. Ha vuelto a abrir y conserva intacta la habitación del escritor: la 511. Doble, 90 dólares. Sencilla, 65. Calle Obispo, 153, esquina a Mercaderes. 66 95 30.

Casas particulares.
Alojarse en domicilios ya está permitido y es una buena alternativa al hotel. Se encuentran habitaciones confortables por 25 dólares diarios.

COPAS

Habana Café.
Especie de Hard Rock Café que intenta recrear el ambiente habanero de los años cuarenta y cincuenta: un avión biplaza Fak-18, un Buick de 1957 una Harley Davidson del 47. Películas, fotos y una banda sonora a base de boleros, mambos y chachachás.

Hotel Meliá Cohiba.
Paseo entre primera y tercera. 33 36 36 (de 12.00 a 1.00).

La Bodeguita del Medio.
"Mi daiquirí en Floridita y mi mojito en la Bodeguita", decía Hemingway. Santuario de paso obligado para turistas. En su origen fue tienda de víveres y cochera. Empedrado, 270, entre San Ignacio y Cuba. La Habana Vieja. 62 44 98 y 62 51 65. Horario: de 12.00 a 1.00.

El Floridita.
Cuna del daiquirí. Su fama se debe al barman Constante, originario de Girona, y más tarde a los preparados por Antonio Meilán. Camareros con uniforme rojo de otros tiempos y precios desorbitados. Montserrate, 351, esquina a Obispo. La Habana Vieja. 70 09 15 y 63 10 60. Horario del bar: de 11.30 a 1.45.

Terraza del Hotel Inglaterra.
Construido en 1875 era el más elegante. Hermosas vistas sobre los tejados de La Habana Vieja y la cúpula del Capitolio. Prado, 416, esquina San Rafael. La Habana Vieja. 33 85 93.

El Patio.
Refresco, cerveza o ron en uno de los palacios del siglo XVIII de la plaza de la Catedral. Buena música en vivo. Plaza de la Catedral. Habana Vieja.

Two Brothers.
Recuperado hace poco. Abierto 24 horas. Dicen que en 1930, durante su estancia en Cuba, García Lorca era asiduo. Ambiente especial no apto para todos los públicos. San Pedro, 304 esquina Sol, frente al muelle de Luz. Habana Vieja.

BAILAR

Palacio de la Salsa.
El Médico, Van Van, Issac Delgado, NG La Banda, Paulito, Adalberto, la Charanga Habanera. ponen la pista a reventar. De 22.00 a 4.00. De 10 a 20 dólares.

Hotel Riviera.
Paseo y Malecón. Vedado. 33 40 51.

La Casa de la Música.
Desde las 22.00, las mejores orquestas salseras. Ambiente agradable. Unos 10 dólares. Calle 20 esquina 35. Miramar. 33 04 47.

La Tropical.
El famoso Salón Rosado. Emociones fuertes en calor de negritud. Entrada general en pesos. En dólares (10) para un reservado tranquilo con mesas y sillas. Las más populares orquestas de baile en su salsa. Entre 41 y 46, sector playa.

OTROS

El Malecón.
Un espectáculo para disfrutar caminando o desde la ventanilla del coche. Siete kilómetros junto al mar entre el castillo de La Punta, en La Habana Vieja, y la desembocadura del río Almendares.

Coppelia.
Toda una institución. Igual que sus largas colas para comprar helados con pesos cubanos. Lugar de encuentro cerca del hotel Habana Libre. Calle 23 (La Rampa) y L, Vedado.

Cementerio de Colón.
Merece la visita. Impresionantes tumbas de mármol. La necrópolis está abierta de seis de la mañana a seis de la tarde. Entrada un dólar. Zapata esquina con calle 12. Vedado.

Castillo de los Tres Santos Reyes Magos del Morro y Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Las mejores vistas. La terraza-bar del restaurante La Divina Pastora está junto a una de las baterías de cañones que defendían la entrada del puerto.

Carretera de La Cabaña, por el túnel que cruza la bahía en dirección a La Habana del Este. Playas del Este. Arena blanca, cocoteros y mar azul turquesa a unos veinte kilómetros. Una sucesión de playas (El Mégano, Santa María del Mar, Boca Ciega, Guanabo.) a las que acuden los habaneros.

Vía Monumental, carretera hacia Matanzas y Varadero. UNEAC. Los jardines de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba son un buen lugar para tomarse un refresco. Actuaciones (rumba) miércoles y jueves tarde. Calle 17 y H. Vedado.

Fundación Ludwig.
Organizan exposiciones de artistas plásticos y también conferencias. Calle 13, nº 509, entre D y E. Vedado.

Callejón del Hammel.
En el barrio de Cayo Hueso, fachadas llenas de coloridos murales que aluden al legado africano. Esquina con Hospital, entre San Lázaro y Concordia. Centro Habana.

Partido de beisbol.
El deporte nacional cuya pasión comparten los cubanos con su vecino del norte. Los peloteros son ídolos. Entradas a tres pesos. Aforo: 58.000 espectadores. Estadio Latinoamericano. Patria y Pedro Pérez. Cerro.

Taxis.
Olvídese de subir a una guagua (autobús): abarrotadas y esperas interminables. Se puede caminar por el centro pero la ciudad es extensa y el taxi imprescindible. Posible negociar con coches particulares (todo el día: de 15 a 25 dólares). Los taxis oficiales más económicos son los de Panataxi que se pueden pedir por teléfono: 81 33 11.

Lecturas.
Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante. Celebración de La Habana nocturna de los años cincuenta (Seix Barral, 1967). La nada cotidiana, de Zoé Valdés. Visión descarnada de la Cuba del periodo especial y nacida de una frase terrible: ella viene de una isla que quiso construir el paraíso... (Emecé Editores, 1995).

Guías.
Cuba. El Pais Aguilar. La mejor información en castellano, elaborada por Mauricio Vicent, corresponsal de EL PAÍS. 2.000 pesetas. Cuba. Lonely Planet. Una de las más completas (en inglés o francés) para viajeros alternativos. 3.000 pesetas. Las huellas de un intenso pasado de estrellas de Hollywood y mafiosos. Texto: Carlos Galilea Fotografía: Manuel Zambrana HUBO UNA VEZ una Habana de lujos. Donde a la entrada del cabaré Tropicana -el paraíso bajo las estrellas- se agolpaban Buicks, Oldsmobiles y Cadillacs. Noches resplandecientes de mujeres lujosamente enjoyadas y hombres impecablemente trajeados. Cuando se jugaba a la ruleta o al bacarrá en las salas del Chateau Madrid, el Sans Souci o el Capri, y se derrochaban monedas en los traganíqueles. Nat King Cole, Carmen Miranda, Maurice Chevalier, Tony Bennett y Edith Piaf cantan en sus clubes nocturnos. Y Frank Sinatra actúa en el Nacional ante Frank Costello, Umberto Anastasia, Vito Genovese y Lucky Luciano: la plana mayor de la cosa nostra. El Shangai promete los desnudos más obscenos del continente y se ruedan películas pornográficas. Los ecos de sociedad del Habana Yacht Club o del Country Club se publican en periódicos como el Diario de la Marina o El País. Y sirvientes de filipina blanca y pantalón de lino acuden prestos a la llamada de sus adinerados señores. El esplendor glamouroso de los viejos tiempos está aún visible en algún que otro rincón habanero. En el bar del Hotel Nacional se guardan los retratos de Ava Gardner y Frank Sinatra, Rita Hayworth con Ali Khan, Tyrone Power, Agustín Lara, Josephine Baker -uno de 1966, porque en 1951 no le fue permitida la entrada-, Fred Astaire, Rocky Marciano, Spencer Tracy, John Wayne, Marlon Brando, Buster Keaton...

El Hotel Sevilla (antaño Sevilla Biltmore), inaugurado en 1908, cuelga en una esquina del lobby las fotografías de algunos de sus ilustres clientes: Lola Flores, Errol Flynn, Enrico Caruso, Joe Louis... pero también de gángsteres como Santos Trafficante -que vivió dos años en el hotel- o de Al Capone -que alquiló completa la planta octava para su comitiva- y al que se puede ver en la fotografía con canotier, gafas de sol y puro. UN DANZÓN Y UN CHA-CHA-CHÁ En su Patio Sevillano actuaba entonces Pérez Prado con la orquesta Habana Casino. Ahora bailan Silvio y Elisa. Dos pases: de 20.30 a 21.00 y de 22.30 a 23.00 horas. Todos los días menos los jueves. Acompañada por un cuarteto, la pareja de baile evoluciona a los compases de Lágrimas negras o Pare cochero y maravilla con un danzón y un cha-cha-chá. Silvio Stevens ejecuta distintas piruetas con un solo pie y girando su cuerpo sobre su propio eje mientras se apoya en Elisa Burgal: sin perder el ritmo de la música. Limpieza, fidelidad a una tradición, elegancia. Silvio llegó a ser muy popular durante los cincuenta y sesenta formando pareja con Ada. El musicólogo Odilio Urfé llegó a comparar sus coreografías con las de los míticos René y Estela. Aunque a sus 63 años cojea al caminar, cuando baila, Silvio Stevens González parece desafiar la ley de la gravedad. Vestido impecablemente con su guayabera blanca y zapatos de charol blancos y negros, se sienta y abre un viejo maletín de color marrón que lleva siempre consigo y del que va sacando recuerdos de una vida en forma de recortes amarillentos: con Benny Moré, el Septeto Nacional, la Orquesta Aragón, la Riverside, la Casino, Arcaño y sus Maravillas, Celia Cruz y la Sonora Matancera, Compay Segundo.

Miércoles, 28 de Marzo del 2001

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