Consejos y recomendaciones

Desde la terraza del Hotel Inglaterra

Estaba viendo fotografías de mis viajes a la Isla de Cuba. Algunas me hicieron recordar que habitualmente por las noches solía tomar una copa en la terraza del Hotel Inglaterra de la Habana ambientada por los grupos musicales de Son. Era cita obligada si quedaba con alguien que fuera allí, era el punto de referencia en la capital cubana.

Hotel Inglaterra. Monumento Nacional. Hotel Decano de la Hostelería de la Isla de Cuba.

Tengo debilidad por el Hotel Inglaterra no lo puedo remediar, no me he hospedado nunca en él ni en ningún otro de la Isla, mi estancia ha sido siempre en casas particulares, pero desde que pisé su terraza por primera vez fueron tantas las cosas que desde allí observé y las vivencias que allí me ocurrieron, que ahora en la lejana distancia tengo muchos recuerdos de ese Egregio Hotel. Habiendo ejercido sobre mí, una nostalgia embriagadora.

Ha sido una vez en España recordándolo el que me haya picado la curiosidad de saber de él. Hoy en día eso gracias al “poder de Internet” casi todo lo puedes saber.

Las historias en el emblemático Hotel vividas por sus inquilinos, según nos cuentan los cronistas son tan variadas como interesantes. Desde las correrías amorosas del torero español Luis Mazzantini con la Actriz francesa Sara Bernhad. Hasta las que han servido de inspiración para que grandes escritores allí escribieran sus grandes obras, pasando por el Insigne cubano José Martí que el 4 /04/ 1879 allí pronunció su discurso de homenaje al periodista Manuel Marqués Sterling.

Han sido innumerables sus huéspedes de lujo. Poetas, Dramaturgos, Artistas, Cantantes, Deportistas, Políticos, que en el Hotel Inglaterra dejaron constancia de su paso por el.

Hotel de bella estampa Neoclásica, que ha tenido que restaurarse en varias ocasiones, especialmente la que tuvo en el año 1901. Que se le dotó de Luz Eléctrica, teléfono, cuarto de baño en sus 83 habitaciones y enlace telégrafo. Decorado con los mosaicos traídos de tierras alicantinas, las verjas traídas de Sevilla.

Eran épocas que el trasiego comercial por sus cercanías al puerto de la ciudad hacían que fuera el “posadero que a todos acogía y el ojo que todo lo veía“.

Edificio que goza de ese lugar único de la Habana Vieja. Sirviéndole como de “alfombra mágica”. El Paseo del Prado y con unos “vecinos” tan emblemáticos como él. Enfrente el Parque Central, edificios y palacios como el Ballet Nacional, Bellas Artes a su derecha el Capitolio y como cubriendo la retaguardia el de Partagás.

Prometo la próxima vez que vaya a la Habana hospedarme en él, aunque solo sea una noche, quiero asomarme por sus balcones a la plaza que hay enfrente, donde las altas palmas reales allí existentes le hacen la “guardia de honor”, como monumento nacional a custodiar que es.

A buen seguro que sentiré como si me estuvieran observando los espíritus de los personajes de toda clase y condición que por allí han pasado en sus largos años de existencia, no se si podré conciliar el sueño de pensar la emoción que ello me causará.

De esa dorada época es con la que me quedo, algo bien distinto es lo que ahora desde él se contempla y nadie me lo puede negar. Desgraciadamente yo desde esa terraza de mi Hotel favorito he podido ver...

¡He visto los viejitos vendiendo los diarios el Granma y el Juventud Rebelde, algunos con aspecto decrepito que más bien deberían estar en Asilos!.

¡He visto las mujeres que venden flores, haciendo las mil peripecias para poder pasar!.

¡He visto las chicas desde la acera, que con la vista “hablaban” con insinuantes proposiciones, buscando el turista que llevarse a la cama!.

¡He visto con cara de lastima a todas estas personas como se les negaba el permiso para tener acceso a la terraza del hotel para hacer su “negocio”!.

¡He visto como el “Gorila” de la entrada a la terraza imponía su autoridad con los que intentaban colarse!.

¡He visto como a una seña del turista, el “Gorila” agachando la cabeza dejaba pasar a alguien por indicación del que disponía de dólares!.

¡He visto como clientes del Hotel ponían “algo en la mano” del portero de turno para dejar pasar a la joven con el viejo turista!.

¡He visto como un viejito con aspecto indigente con un palo de madera hacía maravillas con un tonel o bidón de esos metálicos de petróleo vacío, tenia una destreza digna de un buen numero de circo!.

¡He visto como la policía lo echó de allí!, no querían que los turistas le dieran propinas como diciendo, ¡ aquí no las necesitamos!.

¡He visto como en el baño un popular cantante de color con unos trajes blancos a juego con sus gafas de Sol esnifaba una raya de cocaína!.

¡He visto como a los cubanos les está vetado el acceso, siendo estos... ¡“Los auténticos dueños del Hotel“!.

¡He visto....

Si yo en tan poco tiempo he visto todo eso. ¿Qué no habrá visto él ?. Que como fiel testigo lleva allí en su mayestático enclave de la Habana Vieja desde que fue inaugurado el 23 de Diciembre de 1875.

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