Consejos y recomendaciones

Cementerios poco conocidos de La Habana

Cuando se habla de cementerios habaneros solamente nos viene a la mente uno, sólo uno, el archiconocidísimo: Cristóbal Colón. Ignoramos que nuestra ciudad contó y aún cuenta con una enorme cantidad de últimas moradas.

Iré desgranando algunas anécdotas interesantes de la historia de nuestro país, hechos que no por ser insólitos o poco comunes, resultan tediosos. Y forman parte de nuestro acervo cultural: El Cerro tuvo su pequeño cementerio, edificado en la que actualmente conocemos como calle Sarabia y el primer sepultado en aquellos predios fue un esclavo lucumí, Apolonio.

Este camposanto fue inaugurado un 21 de septiembre del año 1817. Eran terrenos cenagosos y las autoridades de la Isla se vieron obligadas a partir de 1860 a suspender las inhumaciones, exactamente el 20 de agosto de ese año. Los cadáveres emergían de la tierra espontáneamente a la menor inundación de la zona con los torrenciales aguaceros.

Hasta hace muy poco se conservaban trechos de muros de este cementerio en la esquina de las avenidas de Boyeros y Puentes Grandes.

En 1832 se autorizó a los anglo norteamericanos residentes en Cuba a construir cementerios para sus súbditos. El Cementerio de los Ingleses ( como era conocido popularmente), se construyó en el camino hacia la Chorrera, emplazado sobre un antiguo pudridero de los Uveros, actualmente río Almendares, entre la costa y las calles H, 5ta y acera este de la calle G, en el Vedado. Ocupaba un área de 200 metros de longitud por 150 metros de ancho y se clausuró en 1864.

En el antiguo Paseo de Carlos III, hoy avenida Salvador Allende, entre la calzada de Infanta y el camino que llevaba a la ermita de Monserrrate y al parque de La Requena, se habilitó un terreno en la estancia de Aróstegui y se instaló el Cementerio de los Molinos. Inhumándose 1 451 cadáveres. Éste fue inaugurado en 1833 y funcionó muy poco tiempo, no más de un lustro.

En Atarés, en la falda izquierda del castillo del mismo nombre, también se erigió un cementerio en abril de 1850, fungiendo como tal hasta el año 1868. No se enterraron en el mismo mucho más de mil cadáveres.

Y también hubo unos cuantos más, como el de Casa Blanca, en la estancia de San Nicolás, que cerró en 1869 por agotamiento de capacidades, abierto desde 1867.

Jesús del Monte, en la Víbora, tuvo su exiguo camposanto, al fondo de la iglesia, éste abrió sus puertas en 1832 y las selló en 1878, sin embargo se afirma por algunos historiadores que desde el año 1691 venían sucediéndose algunos enterramientos en sus predios. Tenía una pequeña capilla y en el centro una bóveda para el cura oficiante. Al construirse la nueva iglesia de Jesús del Monte, ésta abarcó sus terrenos, despareciendo el camposanto original.

*Del cementerio Cristóbal Colón les hablaré en otra ocasión por ser el más conocido.

Ahora bien, cabe añadir el nombre de otros camposantos también muy pocos conocidos por la ciudadanía en general y que son posteriores a éste último, entre ellos está el Bautista y el Chino.

El cementerio Bautista comenzó a erigirse en el año 1884 y se fundó el 1º de febrero de 1887. Con una extensión inicial de 134 m cuadrados, dividido en tres departamentos y cada uno de ellos en cuartones. Cada cuartón poseía 120 fosas y estaban separados uno de otro por calles de tres metros de ancho, con canteros de dalias en toda su longitud.

El entierro se cobraba a 4 pesos oro los adultos y los niños y fetos, a dos pesos. La primera inhumada se nombró María Gavina Oliver, en el cuartón Paine, el 21 de mayo de 1887 y la última fue Victoria Cuesta y Cepero, el 31 de diciembre de 1900. Sin embargo sobre este aspecto existen controversias, hay algunos historiadores que afirman que no fue así y que la última sepultada en ese camposanto fue la joven de veintisiete años, Dolores Alonso Suárez, fallecida de tuberculosis el 1º de enero de 1901.

Este cementerio recibió también el nombre de Los Protestantes, ¡y sobrevive actualmente! A kilómetro y medio del río Almendares y a sólo una cuadra del costado este del de los chinos, ¿ curioso, verdad?

Los chinos comenzaron sus gestiones para tener un espacio donde sepultar a sus súbditos y en fechas ( año 1882) en que el cónsul Lin Liang Yuan era su representante en la Isla, estos solicitaron autorización a las autoridades españolas para construirlo, sin embargo éstas se negaron aduciendo que ya tenían un espacio en de Colón para tales efectos, aislado, con puertas independientes, destinado no sólo a ellos, sino a todos los no católicos. Necesitaron once años para que se atendieran sus ruegos, el 20 de mayo de 1893 iniciaron la construcción de uno propio.

Éste se emplazó en la finca Las Torres, en un espacio de 9 000 metros cuadrados, reparto Aldecoa, propiedad de Federico Kholy, a una cuadra de la necrópolis Cristóbal Colón. Y costó 8 100 pesos oro. El arquitecto Isidro Rivas se encargó de proyectar los planos. Al final la cifra ascendió a 23 700 pesos oro. Toda una fortuna para la época.

La primera inhumación no fue de un chino, sino del ciudadano español Braulio López, el 29 de octubre de 1893, y en el siglo XX el primero en ser sepultado tampoco fue un súbdito chino, fue un cubano: Julián Núñez.

Desde su fundación hasta 1900, o sea, en siete años, se sepultaron 2 716 chinos.

Con los años redujeron el espacio de ese camposanto: la avenida 26 primero, y la urbanización Nuevo Vedado después, influyeron para que ello sucediera; por lo que de 9 000 metros cuadrados, con los que contaba en un inicio, se quedó en 8 189.

Los chinos acostumbran a celebrar tres fiestas en el año: una en marzo ( en diferentes días del mes), otra el 14 de junio y la última el 9 de septiembre. Su primer administrador se llamó Raoul J. Cay.

¡Llegó el Comandante y mandó a parar! El 13 de julio de 1967 lo nacionalizaron, sólo respetaron que para cualquier inhumación o exhumación el casino Chung Wa, órgano administrativo para asuntos de la comunidad china en Cuba, dé se autorización.

En la puerta, en su parte superior, reza una inscripción ante la que los curiosos suelen detenerse. SAN YU CHUN WA ( Cementerio General Chino); no es ningún enigma o conjuro como puedan barruntar muchos visitantes que hagan un alto ante el pórtico principal y alcen su mirada, fijándola en los arabescos que allí se inscriben.

En La habana existen otros cementerios: el Hebreo, el Macabeo y el Sefardí, edificados en Guanabacoa en el siglo XX.

Como curiosidad les adelanto que en el Macabeo hay un panteón donde en lugar de reposar cadáveres existen seis pastillas de jabón fabricadas por los fascistas alemanes con la grasa extraída de cuerpos judíos, durante la II Guerra Mundial, como prueba irrefutable del Holocausto.

En próximas crónicas les revelaré hechos interesantísimos, poco conocidos, acerca de la Necrópolis Cristóbal Colón, la más importante de todas. Y extensa.

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