Consejos y recomendaciones

De Gibara a Puerto Padre

Hay un lugar en este mundo que me gusta por encima de todo. Donde la gente sale a pasear a acariciar la playa con sus descalzos pies las aguas del Caribe. En él no se pone el sol, porque se iluminan las noches con cariño. A ellos no llegan 1200 vuelos diarios, quizás los más viejos no hayan visto jamás un avión porque han tenido la suerte de que el avance de la industria turística no los ha alcanzado. Los pobladores de este humilde rincón reciben la sobra de Sol Meliá, los vacacionistas prófugos de playa Guardalavaca. Por eso los agasajan como a reyes que llegan de lejanos destinos, como embajadores de otros mundos que posan su nave en las orillas playas de su pueblo.

Allí la historia aunque aparente otra cosa, no se ha detenido, sino que anda en círculos que nos llevan siempre al mismo lugar en el tiempo: a encontrarte con tu abuelo y con alguien llegado por Bariay un día de octubre de 1492, junto al admirante.

Sí, todavía existen zonas así en este mundo, como los hizo Dios, como en el principio de los tiempos. Eso es la costa norte de Holguín y Las Tunas, pero no yendo hacia Guardalavaca o Playa Santa Lucía donde el turismo a uniformado los sabores de la langosta y el pinguero, el camarón y la jinetera. Hay todavía refugios en lo más recóndito del suelo cubano: con mar en frente, caña atrás, sol en un cielo sin nubes, arena fina y… y langosta y cherna y pargo vedados de todas las mesas cubanas.

Mi trabajo tiene algo de Cura, aquí oigo secretos y recibo ofertas tentadoras. Y yo que no soy bueno me dejo arrastrar por las necesidades de la concurrencia. Hoy vino a mí alguien que no quiere saber de hoteles 5 estrellas, ni noches a la luz de fogatas pa´ turistas en la arena de la playa; en busca de algo diferente, algo auténtico, algo inolvidable.

Y yo que no he podido olvidar la casa de Narciso en Playa Caletones, ni la harina con cangrejo fresco preparada por las manos de su negra le recomendé tomar un avión directo a Holguín.

Le dije: Evita los hoteles y esas mierdas pa´ turistas y la sonrisa forzada del maitre del hotel; escápate en un almendrón que te lleve a almorzar cangrejos frescos a Gibara, conoce la villa Blanca, auténtico testigo de lo que puede hacer Dios. Después piérdete entre sembrados y matorrales por el terraplén en dirección a Playa Caletones, La Herradura, La Llanita y Puerto Padre en la provincia de Las Tunas…

Sábado, 28 de Mayo del 2005

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