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La prensa oficial

La prensa oficial: "hecha para ocultar, no difundir"

La prensa cubana manipula, distorsiona, encubre, y cuando dice verdades, solo las dice a medias, hasta donde le conviene.

En las calles corría el chiste que Napoleón había dicho: "Con Granma, nadie se hubiera enterado de mi derrota en Waterloo"

"Los cubanos están buscando una nueva concepción de la prensa dentro del socialismo: lo único que se puede pronosticar, sin ninguna duda, es que será una prensa democrática, alegre y original", escribía Gabriel García Márquez en 1975.

El Gabo siempre tan irreal y optimista cuando de opinar sobre la revolución de su amigo Fidel Castro se trataba. Tal búsqueda no da señales de encontrar resultados en un futuro próximo. Resulta más fácil concebir la ascensión al cielo de Macondo de Remedios La Bella y un bando de mariposas amarillas, antes que cosechar, dentro del socialismo verde olivo, el periodismo sin trabas, chispeante y con burbujas que pronosticara, hace 39 años, el genio de Aracataca.

Hasta el propio Gabo tuvo que admitir que la prensa cubana "parecía más hecha para ocultar que para difundir".

Otro brillante escritor, para nada sospechoso de complicidades con los enemigos de la revolución, el uruguayo Eduardo Galeano, fue más exacto al describir a la prensa cubana cuando dijo que "parece de otro planeta".

La prensa oficial, que manipula, distorsiona encubre, y cuando dice verdades, solo las dice a medias, hasta donde le conviene, no tiene que ver con la Cuba real. Parece que habla de otro país, uno virtual, donde todo funciona de modo bien distinto a como es en la realidad.

En los últimos años se habla a menudo de la necesidad de hacer un periodismo creíble, más analítico y crítico. La tarea resulta quimérica. La prensa esta forzada al concubinato con el Poder. Le ciñeron el cinturón de castidad de "la política informativa". Los periodistas son "trabajadores ideológicos" forzados a reiterar constantemente su lealtad a un régimen testarudo y miope, que mientras suma fracasos, se divorcia cada vez más de los intereses populares.

En repetidas oportunidades, los jefazos se han referido a "la necesidad de conciliar la política informativa de la prensa con los intereses de la dirección del país" y han advertido que "las contradicciones pueden ser de forma pero nunca de principios", pues ante todo debe primar "la defensa de la revolución".

Así, los periodistas oficialistas se ven constreñidos al triste rol de meros propagandistas y repetidores de gastadas consignas. Incluso los más honestos, los que no logran disimular sus dudas e insatisfacción, en los debates que ha habido sobre política informativa, si se quejan, no van más allá de la señal que indica peligro. Todos saben nadar y guardar la ropa.

Cuando al principio de su mandato, el general Raúl Castro asistió al VIII Congreso de la UPEC, dijo que algunos de los problemas discutidos eran "más viejos que Gutemberg". "Pero se van a resolver… y no digo más", dijo, y sonrió enigmáticamente. Y dejó a todos "en eso". Como a medio camino del orgasmo.

Han pasado los años y no se han resuelto los problemas. A las exhortaciones y regaños del general-presidente a los periodistas oficialistas se han sumado los del vicepresidente Díaz Canel. Y nada: los medios oficialistas, salvo alguna que otra critica que no va más allá de los niveles medios, siguen tan irracionalmente triunfalistas y apegados a la inercia del teque como siempre.

El idílico y burbujeante periodismo dentro del socialismo verde olivo que soñó Gabo, hace ya casi cuatro décadas, no acaba de materializarse.

La mala noticia -el general Raúl Castro lo ha advertido en varias ocasiones- es que no debemos esperar milagros ni actos de magia.

CubaNet

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