La religiosidad cubana como atractivo histórico cultural

La atracción desde el extranjero por el variado espectro religioso cubano está asociada a diferentes factores, de origen histórico, cultural, político, económico y psicológico, entre otros, que se manifiestan tanto en el plano internacional como en el nacional. 

La idea se esclarece aún más, si comprendemos que estas interconexiones se desenvuelven de acuerdo a las características del contexto y de los grupos involucrados; de ahí, la importancia de los elementos que se deben analizar del contexto cubano, tanto en sus antecedentes históricos como en la actualidad.

En el estudio y análisis de este contexto una necesaria reseña histórica ayuda a comprender cómo la concepción y proyección actual del turismo cubano y su relación con la religión ha respondido a coyunturas y necesidades económicas estrechamente vinculadas con su sistema sociopolítico y cultural.

Los estudios de la historia del turismo en Cuba han aparecido en los últimos años en pocas publicaciones, no obstante se ha logrado una sistematización que puede ser encontrada en autores que hacemos referencia.

El bosquejo histórico se ha tratado de centrar en aspectos a tener en cuenta en los vínculos del turismo y la religión cuyos precedentes esperan por una investigación más específica ya que en la extensa búsqueda de información no se ha encontrado un estudio que aborde los antecedentes históricos de esta relación en Cuba.

De acuerdo a diferentes estudios, el siglo XIX marca la etapa de los primeros antecedentes del turismo en Cuba, coincidente con procesos e hitos importantes en la formación de la identidad nacional cubana aparejada a las primeras señales de una gran diversidad religiosa en formación.

Los entrevistados extranjeros han manifestado que uno de los aspectos que motivan asombro e interés por la religión en Cuba es su gran diversidad como fenómeno cultural ilustrativo de una complejidad que atiende, más que a la cantidad de manifestaciones, a la diversidad de sus orígenes.

Los fundamentos de la religiosidad cubana se encuentran asociados a diferentes orígenes, entre estos se destacan dos principales troncos etno-culturales: de una parte el conjunto de pueblos de procedencia española que impusieron su cultura y religión católicas y de otra, una extensa variedad de pueblos africanos traídos en condiciones de esclavitud y que eran portadores de  religiones tribales que derivaron en expresiones religiosas criollas.

He aquí el primer condicionamiento de la referida complejidad: Cuba es síntesis de síntesis, ya alcanzadas previamente y logradas o no en propio suelo cubano.

Otros factores van a repercutir en la atractiva originalidad de la religiosidad cubana. Friguls, Piñera y Treto (1989) apuntan que: “La evangelización en Cuba no tuvo las mismas características que otros países del continente… (diferentes causas) no facilitaron que la religión católica echara raíces tan profundas como en otras partes y la religiosidad popular fuera más bien un sincretismo hispanoafricano…”

La Iglesia Católica estuvo subordinada a la metrópolis española y, por tanto, dependiente de sus dictados, en el clero de la Isla hubo muy poca participación criolla.

Si bien en el siglo XVIII se nombra el primer obispo cubano, Dionisio Resino, y hay un estímulo al surgimiento de párrocos criollos, en el siglo XIX, España inicia la descubanización del clero y trata de alejar a Cuba de las experiencias de las luchas de independencia en América (ENEC, 1987) Pero ya en Cuba -en los inicios de ese siglo- el padre Félix Varela había sembrado la semilla del pensamiento independentista.

También la mayor prolongación de la trata de esclavos y del régimen esclavista, aportaría un peso considerable de lo africano en el espectro religioso. En su vínculo con el turismo las religiones cubanas de descendencia africana han estado marcadas por el signo del mercado, por lo cual  existe un debate que comprende defensores y críticos de esta situación.

La conformación histórica de estas religiones las hace ligarse al elemento comercial de una manera diferente a cómo han estado ligadas religiones como el catolicismo en el pago de servicios religiosos.

A esto se ha sumado el hecho de que estamos en presencia de un fenómeno que se ha transnacionalizado en su relación con el turismo y otros factores como la emigración cubana, sobre todo en el caso de la Regla Ocha o Santería.

Muchas de las tradiciones cubanas –que han atraído y hoy atraen a turistas-parten de un origen religioso. Un ejemplo claro son las fiestas patronales. Estas en sus orígenes constituyeron mayoría en el país y al incorporárseles actividades laicas se fueron alejando del elemento sagrado. (Feliú, 2003)

Entre las festividades religiosas populares más significativas están las de la Virgen de la Caridad del Cobre. De acuerdo a estudios realizados por la investigadora Olga Portuondo (2014), las procesiones que ponían fin a las festividades de esta virgen, quedaron como tradición a mediados del siglo XIX. Portuondo cita la descripción de Francisco Balart, redactor de la época, como un verdadero disfrute para viajeros, que hoy serían llamados turistas espirituales:

“Sólo la travesía en el Botafuego y las 8 millas de ferrocarril valen, en nuestro concepto, los gastos y pasos que para ir al Cobre se emprende: la vista graciosa y original de la ciudad tendida en su anfiteatro que cierran tan bellas montañas, cubiertas de manchas numerosas de verduras, dorada por un sol rutilante cuya luz se quiebra en cien colores en las aguas de la bahía, y el panorama variado magnifico, solemne, que va despejando esa línea atrevida de carriles que serpentean entre montañas, suspendidas aquí, sobre un precipicio y hundiéndose más lejos en una profunda cortadura, compensan muy bien algunos pesos gastados, una pequeña insolación y una noche de limitado descanso.” (Ferias del Cobre”, en El Diario redactor, Santiago de Cuba)

Además  de recibir peregrinos de toda la isla, la visita de extranjeros era significativa. Una de las crónicas citadas apunta cómo el santuario es visitado por numerosas personas “de remotos países” para rendir ofrendas y adoraciones.  Entre las crónicas de extranjeros Portuondo cita el de la narradora norteamericana Carolina Walace que da otro testimonio sobre la llegada de creyentes foráneos interesados en visitar el santuario. Wallace habla de “miles de peregrinos de todas partes del mundo con la esperanza de hallar cura a enfermedades y males de todas clases” que son recibidas en  las “confortables hotelerías para su alojamiento cerca de la iglesia”.

La afluencia de viajeros a El Cobre tuvo sus fluctuaciones de acuerdo a los diferentes momentos históricos. El camino de peregrinación más divulgado comprendía su inicio en La Habana, un hito en Camagüey, donde se visitaban sus santuarios y los peregrinos tomaban tiempo para su restauración antes de continuar viaje hacia Santiago para dirigirse al santuario. (Entrevista del autor con la doctora Olga Portuondo. Santiago de Cuba 2010).

La infraestructura turística fue dando respuesta a peregrinos que se recibían e instalaban en la hospedería del santuario o en casas – posadas y se facilitaba así la principal motivación de viaje: llegar a la Virgen “que de remotos países sabe atraerse infinitas personas que le rindan ofrendas y adoraciones.”

El elemento mercantil fue ganando terreno alrededor de la virgen de la Caridad del Cobre y las campañas publicitarias fueron dominadas por firmas como Crusellas y el Ron Bacardí.

Para comprender estos aspectos se deben subrayar los cambios que se dan en el turismo cubano a partir de finales del siglo XIX, con un turismo vinculado con EE.UU. como su casi exclusivo mercado emisor.

Después de la ocupación militar por parte de Estados Unidos en 1899 y la creación de una República neocolonial en 1901, comienza una mayor afluencia de viajes hacia la isla y una nueva etapa en el camino de seducción de la religiosidad cubana que pasará por contrapunteos y antípodas entre el turismo y la espiritualidad de sus tradiciones.

Si el siglo XIX sentó las bases para el surgimiento de la actividad turística, el siglo XX marcó su desarrollo, ya en el primer cuarto de este siglo el turismo comienza a alcanzar importancia en Cuba y el Caribe y en las décadas del 40 y 50 se despliega su desarrollo influido de alguna manera también por los intereses de los Estados Unidos (Ayala, 2002), pero a su vez impactado por eventos históricos como las guerras mundiales.

Ya en 1919 existía una acción conjunta Habana y Miami para captar turistas de los estados del norte de Estados Unidos, ofreciendo viajes combinados, y entre 1924 y 1928 arribaron 186 726 turistas a Cuba a través de los servicios aéreos, ferries, cruceros y yates particulares gestionados por empresas norteamericanas. (Villalba, 1993). Vinculado al hecho religioso hay investigadores que mencionan la fecha de 1909 como inicio de viajes individuales desde Puerto Rico con el interés en religiones populares cubanas (Entrevista del autor con la antropóloga estadounidense Grete Viddal).

La década del 20 se considera un momento de alza turística y se inician los primeros estudios sobre esta actividad por parte de cubanos y extranjeros. Las visitas de norteamericanos sobrepasaron los 80 000 (Rodríguez, 2009). En esta etapa comienzan a transformarse tradiciones locales, como el carnaval, para adaptarlas al gusto de los turistas norteamericanos. A partir de este despegue turístico es que comienza a fomentarse, lo que hoy cierta promoción extranjera (y de complicidades interna) aún trata de explotar, el mito de una Habana  de tolerancia sensual, permisiva y de mulatas rumberas.

Rómulo Lachatañeré, uno de los pioneros de la etnografía cubana, mostró en sus escritos la desnaturalización de los elementos afrocubanos exportados a Estados Unidos. “Hoy por hoy –escribe Lachatañeré en una revista de Nueva York de 1941- los términos rumba y afrocubano son  tan populares en Estados Unidos como la música vernácula genuinamente norteamericana”. “En Nueva York, donde se comercializa el arte popular de la misma manera que se le pone precio al azúcar cubano, a cada momento aparecen Kings of Rumba provenientes de La Habana o tal vez de Tampa”. El estudioso critica la forma ridiculizada en que son representadas deidades de las religiones afrodescendientes cubanas y, junto con la descripción de otras acciones considera que se “…ultraja grandemente la estratificación de los valores culturales que forja la genuina cultura. A eso, atenuado o en plena pornografía, se le llama afrocubano en Nueva York.” (Lachatañeré, 2007; 504)

Este y otros ejemplos, no necesariamente negativos, como la pauta marcada en la historia del jazz por la figura de Chano Pozo, son antecedentes causales –entre otros factores- de una curiosa y contradictoria mirada actual hacia la religiosidad cubana desde Norteamérica y otros países. Cuba comienza a matizarse por un espectro religioso variado y los viajes con

 motivaciones religiosas no solo responden a una proyección turística planificada. Un dato interesante es que Cuba fue el primer destino de viaje para los primeros misioneros Testigos de Jehová que formó la Escuela Bíblica de Galaad de la Watch Tower en Nueva York, inaugurada a propuesta de su presidente N H Knorr en 1943. (Ramírez y Ramírez, 1999).

Obviamente las imágenes y escritos divulgados por los extranjeros que visitaban los lugares sacros cubanos promovieron de alguna forma un turismo religioso hacia la isla y, por otra parte la literatura cubana, las artes plásticas y el incipiente cine cubano no estuvieron exentos de esta difusión, un ejemplo en los años 30 fue la película La Virgen de la Caridad considerada por algunos como uno de los filmes latinoamericanos más importantes de ese período.

Otros estudiosos del turismo en esta época piden, desde una promoción de turismo católico, “reconquistar” la reputación del pueblo cubano ante los norteamericanos influenciados por la gran cantidad de artículos sensacionalistas  que describen a La Habana (que para muchos es toda Cuba) “como lugar donde se desarrollan libremente todos los vicios, todas las concupiscencias” (Maribona, 1954). 

La gravedad de estos impactos en la degradación de la identidad cultural se muestra cuando se leen las siguientes afirmaciones de este especialista: “…los cubanos estamos perdiendo nuestras características ibero-africanas por imitar, como macacos amaestrados, a los estadounidenses” (Maribona, 1954; 208).

Este estudioso propone un plan de desarrollo del turismo religioso católico que, aunque habría que ajustar al contexto cubano actual  y su ámbito laico, es digno de tener en cuenta. En el referido plan contempla aspectos que van desde la habilitación de guías- interpretes jóvenes, hasta la divulgación de folletos sobre los hechos más sobresalientes del catolicismo en Cuba; se incluiría en la divulgación un calendario anual o semestral de eventos que contemplara las celebraciones religiosas más importantes, como la Semana Santa de Trinidad, el drama de la Pasión en Güines, la peregrinación al santuario de El Cobre, y otras; folletos que contengan información sobre los templos más atractivos, relación de los centros docentes católicos, etc. y que las organizaciones católicas del país, con la cooperación del Instituto Cubano del Turismo, se dirigieran a sus similares de EE.UU. y Canadá para poner en conocimiento estos recursos. (Maribona, 1954: 154).

En el caso de ciudades como Trinidad se realizaron esfuerzos por posicionar a la Villa en el turismo internacional con sus potencialidades histórico-culturales de gran actualidad en el turismo (Benegas, 2005). Víctor Echenagurría de la Oficina del Conservador de esta Ciudad describe cómo la semana santa en Trinidad era una tradición que movía gran participación, a estas celebraciones asistían numerosas personas de otras provincias y de otros países principalmente turistas norteamericanos.

Los estudiosos y funcionarios honestos del turismo que pudieron existir en la República Neocolonial recomendaron  -en un informe del entonces Instituto Cubano del Turismo- se le concediera especial atención a los guías intérpretes y su preparación.

Las proyecciones del turismo católico estaban basadas en el atractivo que para los estadounidenses representaba la cultura religiosa de Cuba. Se afirmaba que las procesiones, demás fiestas y ceremonias religiosas son en Cuba más brillantes que en Estados Unidos y Canadá, causan admiración y los templos más antiguos “interesan hasta a los turistas no católicos, que los visitan con gran respeto” (Maribona, 1954)

Junto a estos propósitos del turismo católico el informe del I Symposium Nacional de Recursos Naturales de Cuba de Preparación y Organización turística 1953-1954, propicia acciones necesarias para lograr la conservación y el enriquecimiento del folklor cubano, particularmente las manifestaciones musicales, teatrales y coreográficas afrohispanocubanas, “que tan favorable aceptación han tenido en el extranjero y tan solicitadas son por los turistas que nos visitan” (Instituto Cubano del Turismo, 1954: 122).

Los fabulosos negocios que comenzaba a generar el turismo en los años 50 atraen a familias mafiosas norteamericanas y se proyecta hacer de La Habana un casino mundial de grandes ganancias. Estas ambiciones, junto a los intereses norteamericanos en general, incidirán en contradicciones que se producen después del triunfo revolucionario de 1959 y en el comportamiento de un flujo y reflujo de las religiones populares cubanas.

Con el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959  un nuevo espectro de factores y matices caracterizarían el panorama religioso y su atractividad en el ámbito turístico.

A lo largo de más de 56 años las sinuosidades de estas relaciones y sus causales multifactorial han sido sumamente complejas  y, obviamente, sería imposible tan solo reseñarlas en estas líneas.

Las nuevas leyes y medidas revolucionarias se enfilaron a un turismo que respondiera a los valores naturales, culturales, históricos y sociales del país, una nueva política que chocaba con los poderosos intereses estadounidenses.

En consecuencia desde Estados Unidos comenzaron acciones para obstaculizar el flujo turístico como la interrupción de las líneas de transporte y campañas difamatorias.

En septiembre de 1960 el Gobierno de EE.UU. prohibió a sus ciudadanos y residentes viajar a Cuba cuyo mercado emisor estadounidense aportaba el 86.8% del total de visitantes extranjeros y en 1962, se declara oficialmente el bloqueo financiero y económico contra Cuba.

Vinculados a estos aspectos ocurren hechos que condicionarían algunos elementos de los vínculos potenciales entre turismo y religión como es el caso de la emigración (fundamentalmente hacia Estados Unidos, España y México) que incidiría en la transnacionalización y  posterior flujo y reflujo de las religiones populares cubanas y en el turismo vinculado a ellas.

Otras formas de viaje que contribuyeron a esta transnacionalización fueron los convenios estatales de colaboración con otros países. Un ejemplo fue la República Democrática de Alemania que entre 1978 y 1989 recibió  a  aproximadamente 24 000 cooperantes, algunos llevaron sus formas peculiares de práctica religiosa, entre ellas las de origen africano.

Con la llamada reunificación de Alemania (1989-1990) se expandieron por cubanos residentes matrimonios binacionales, según la investigadora alemana Liosba Rossbach en la actualidad se calculan entre 3000 y 3500 los seguidores de la santería en Alemania (Entrevista con el autor, La Habana, 2009).

En esta primera etapa las contradicciones clasistas con fachada religiosa enrarecieron el espectro religioso que ligado a la influencia del ateísmo -mal llamado científico- y la manipulación política de la religión, crearon un extrañamiento con la tradición desprejuiciada del pensamiento cubano.

Posteriormente una serie de hechos y procesos comenzarían a debilitar  tendencias dogmáticas y prejuicios en la interpretación de la religión: El discurso de Fidel Castro el 26 de julio de 1980, donde se subrayaba la alianza estratégica entre creyentes y marxistas como una fórmula “explosiva”; la publicación del libro “Fidel y la Religión, conversación con Frei Betto” en 1985; los debates populares en 1990 sobre la base del documento “Llamamiento al IV Congreso del Partido” donde entre los diferentes problemáticas de la sociedad cubana se abordaba el tema de la religión; así como, la culminación de este proceso en la celebración del Congreso en octubre de 1991 cuyos acuerdos incluían el derecho de admisión en las filas del Partido Comunista a creyentes revolucionarios, fueron entre otros hechos y procesos, importantes hitos en el debilitamiento de tendencias dogmáticas en el enfoque y comprensión de la religión en Cuba y posibilitaron debilitar prejuicios entre creyentes y no creyentes.

A principio de los años 90 el derrumbe del entonces campo socialista en Europa y simultáneamente el reforzamiento de la guerra económica del gobierno de Estados Unidos contra la isla, sometió a una de las pruebas más difíciles el proyecto social cubano.

Situación que da fundamentos causales para que se produzca un notable reavivamiento religioso en el país -combinado con otras tendencias exógenas- que sin ser exclusivo en la historia de Cuba, se producía en una coyuntura insólita sobre demandas religiosas predominantemente de compensación.

Estos factores posibilitaron la emergencia social y una mayor influencia de instituciones religiosas que produjeron un incremento de modalidades del turismo de eventos y reuniones.

Por otra parte a mediados de la primera década del siglo XXI el gobierno de EE. UU creó una oficina, apoyada por la Derecha Cristiana, para su asesoramiento en los temas religiosos, coincidentemente se comenzaron a restringir licencias de viajes a Cuba desde EE.UU. menos las licencias religiosas.

Con estas licencias religiosas viajan al país grupos con diferentes motivaciones:

-Grupos para intercambios legítimos de carácter religioso o a recibir determinados servicios religiosos.

-Religiosos que utilizan estas licencias para establecer contactos con grupos nacionales no reconocidos o introducir en Cuba nuevos grupos religiosos.

-Personas no exactamente religiosas que deseaban venir a Cuba por otros motivos pero no tenían otra oportunidad que a través de la licencia religiosa.

Cualquiera que sea la motivación del viaje existe una mediación con el ámbito religioso que ha estimulado el verdadero interés por la religión en Cuba.

La riqueza cultural de la religiosidad popular, sus valores y el carácter sagrado de sus rituales, han sido cuidados con esmero por generaciones, el arraigo popular que han tenido estas tradiciones ha dado lugar, a través de la historia, no solo a una serie de originales manifestaciones artísticas que enriquecen la cultura popular y dan un alto grado de atractividad en el sentido turístico, sino a una atractiva filosofía y nuevos saberes para el mundo contemporáneo que constituyen oportunidades en su relación con el turismo. En este sentido las  entrevistas a extranjeros, han destacado a la diversidad religiosa como el fenómeno -tanto cultural como sociopolítico- que más motiva su interés en el espectro religioso cubano.

De acuerdo a las investigaciones realizadas por el autor en los últimos diez años, que contemplan entrevistas, encuestas y observaciones de diferentes tipos, los temas que más interesan a los turistas dentro de la religión en Cuba, en orden descendente de los aspectos más destacados a los menos son:  

-Sobre los vínculos religión y política en Cuba:La libertad de creencias en Cuba; la relación Iglesia-Estado.

- Las religiones cubanas de raíces africanas: La influencia y origen de estas religiones; espectáculos culturales relacionados con estas manifestaciones;deseos de asistir a toques de santo y cómo consultarse con un babalawo.

- Intereses socioculturales: Cómo se manifiesta la práctica religiosa en Cuba, sus costumbres, qué tipo de religión prevalece, los tipos de iglesia y su crecimiento; la gran diversidad  religiosa de Cuba; arquitectura religiosa; qué porciento de la población es creyente; sobre las procesiones a San Lázaro.

- Sobre la religión católica: Elcrecimiento de la religión católica, cantidad de iglesias que existen,  si es la creencia predominante; influencia e impacto de la visita del Papa Juan Pablo II, Benedicto XV y el Papa Francisco; publicaciones de la Iglesia Católica.

- Interés por servicios religiosos: Localización de Iglesias protestantes o católicas, horarios de misas u otros servicios.

-Otros: Interés por el protestantismo y sus características en Cuba; celebración de las Navidades.

Como se aprecia en la relación anterior los intereses mayores aparecen relacionados con los vínculos entre la esfera política y la esfera religiosa de la sociedad, así como  las religiones de origen africano. También puntean con fuerza los aspectos socioculturales asociados a la religión.

La vinculación del tema religión-turismo con el ámbito político y también con las religiones cubanas de origen africano, como aspectos donde los turista muestran más interés, están relacionados con características socio históricas que han incidido en el panorama religioso cubano. Han sido estimulados por la misma situación política llena de aristas en contra y a favor.

La misma desinformación difundida por el gobierno de Estados Unidos y otros seguidores, muchas veces llena a los mismos turistas de interrogantes contradictorias sobre Cuba, entre las realidades que observan al llegar al país y las desvirtuadas imágenes de la propaganda exterior. El país es considerado por muchos en el extranjero como un enigma.

En este caso es de significar que se crean nuevas interrogantes para el extranjero, con enunciado común: ¿Por qué Cuba es diferente?

Estos elementos mencionados y otros que quedarían por abordar, indican que la religión en Cuba es un aspecto atrayente en el exterior y una de las fuentes de motivación para viajar a la Isla, por su carácter único y riqueza de expresiones o incluso por sus complejidades. Puede ser entonces una oportunidad para fomentar el conocimiento de sus valores, sus aspectos artísticos-culturales, sociológicos, históricos y políticos.

Referencias

-Ayala Héctor, (2002) “Medio siglo de transformaciones del turismo en Cuba”. Ediciones Balcón, La Habana.

- Instituto Cubano del Turismo, (1954):”Doctrina, Proyecciones y actividades del Instituto Cubano del turismo.      La Habana, Cuba 1953-1954.

- Lachatañeré Rómulo (2007): “El Sistema Religioso de los Afrocubanos”. Editorial Ciencias sociales, La    Habana.

-Maribona Armando (1954): “Más de medio siglo de turismo en Cuba”. En Diario de la Marina, Dic, la Habana.

- Ramírez Calzadilla J, y Ramírez Frías C.H, (1999) Los testigos de Jehová en la actualidad, DESR,  PRECAS II.

- Rodríguez Domínguez Mercedes, (2009):”Turismo y República”, Ediciones Balcón, La Habana.

-Villalba Garrido Evaristo (1993): Cuba y el turismo. Editorial Ciencias Sociales, La Habana.

-Argüelles y del Rey (1998), “Las proyecciones sociopolíticas de las jerarquías y élites religiosas de las expresiones religiosas de origen africano” DESR, la Habana 1998.

-ENEC. (1987) Encuentro Nacional Eclesial Cubano.

-Feliú Herrera, Virtudes. (2003) “Fiestas y tradiciones cubanas”. Centro de Investigación y Desarrollo e la Cultura Cubana Juan Marinello. La Habana.

-Friguls Juan Emilio, Walfredo Piñera y Raúl Gómez Treto (1989): “Sentido Histórico del 500 Aniversario”, en CEHILA/Internacional. Sto. Domingo, material impreso, 1989.

-Portuondo Olga, (2014): La virgen de la Caridad del Cobre. Símbolo de cubanía. Editorial Oriente, Santiago de Cuba.

Fuente: Caribbean News Digital

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