Carnaval de mendigos

Se acerca el mes de diciembre con su celebración especial que comienza desde días antes, cuando los devotos de San Lázaro, van preparando condiciones para agasajar al "viejo Lázaro" el día 17.

Conocido es este santo por los muchos milagros que concede a quienes con fe les suplican la solución a casos de variada gravedad, los santeros le llaman Babalú Ayé, y le confieren amplios poderes por resguardar de la salud y las epidemias.

Aunque hay muchos seguidores de Santa Bárbara, celebrada el 4 de diciembre, ya desde las primeras jornadas del último mes del año se congestiona todo el transporte urbano y máquinas de alquiler particulares que llegan hasta el santuario del Rincón, en las afueras de la capital.

Los que se caracterizan por realizar promesas que conllevan grandes esfuerzos y dolores físicos, como son los que se arrastran o caminan arrodillados o descalzos largas distancias, muchas veces esperan cerca de la iglesia la hora precisa para estar junto al santo cuando comienza el 17. Por eso, en la víspera, se desvía el tráfico por todas las carreteras y caminos aledaños al templo contiguo al leprosorio, y la policía no puede con tantos cientos de personas que beben, rezan, y cantan en su último recorrido.

Los menos bullangueros asisten a esta iglesia otro día, teniendo en cuenta que sea antes de que finalice el mes, ya que el transporte urbano se alivia un poco y resulta más fácil llegar allí. En estos días es usual ver a personas usando ropas confeccionadas con sacos de yute, y esa es una forma de señalarse como hijos o devotos del Viejo; de más está decir que en estos tiempos es muy difícil conseguir este tejido que está muy caro en el mercado negro.

Otros deciden llamar a la misericordia y la lástima cuando se tiran con una cajuela en la que ponen una imagen del santo en espera de la limosna de los caminantes. Estos limosneros parecen más bien mendigos y sus ropas y cuerpos están faltos de un mínimo de higiene; algunos son limosneros de día y buzos de noche, y yacen en aceras, portales o parques pareciendo a cierta distancia una masa irreconocible, tratando de confundirse con los locos que se escapan del hospital psiquiátrico.

Por la calle San Lázaro anda uno que ya está más limpio porque los mismos vecinos le han dado ropas limpias, zapatos y le regalan alimentos; ese es un demente de mirada perdida que no sabe de pedir limosnas. Antes era usual que personas decentes y limpias salieran a las calles o tocaran a las puertas de las casas en varios vecindarios, pidiendo limosna, de esa forma se humillaban y retribuían su devoción por "el milagroso".

Recuerdo un señor que durante años tocó a mi puerta un día en cada diciembre. Tenía una hija aquejada de cáncer, para él un centavo tenía un gran valor, y su gran petición era que siguiera con vida, nunca más lo he visto.

Ahora que estamos viviendo la epidemia de pedigüeños, pícaros y de una aguda pobreza que ataca en plena calle con frases cortas que saben a limosna a punta de escopeta, es 17 cualquier día del año, a los efectos de quienes tienen tan poco para llenar sus vidas en todos sus ámbitos.

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