¡Deus Exaudi!

La desafinada interpretación de un cántico religioso, por una joven feligresa, resultó ser lo más auténtico, sincero y bello ocurrido durante la misa de celebración de los 50 años de ordenación sacerdotal de dos clérigos españoles de la Orden de Predicadores de Santo Domingo de Guzmán (OP), celebrada el domingo anterior en la Parroquia de San Juan de Letrán, del Vedado.

La cacofónica y poco agraciada voz de la solista del coro de la parroquia logró apaciguar los ánimos de los más antiguos devotos de la institución religiosa que habían quedado caldeados ante la sarta de elogios que uno de los homenajeados, fray Manuel Uña Fernández, dirigiera a las autoridades y entidades del régimen y a sí mismo.

Uña Fernández, quien llegó a la Isla en 1993, fundó el Centro Fray Bartolomé de Las Casas para lo cual no sólo desplazó a disímiles miembros de la prolífica comunidad preexistente que habían resistido los cruentos años de persecución sino a integrantes del clero de la misma orden. Se alió a comisarios políticos del régimen de la talla de la funcionaria encargada de Asuntos Religiosos del Comité Central, Caridad Diego, al ex-ministro de cultura y actual director del oficialista programa martiano, Armando Hart Dávalos, y a los también pro-castristas Cintio Vitier y Fina García, entre otros sujetos embutidos en el seno de la entidad y que supieron aprovechar el sitio a conveniencia de los momentáneos intereses políticos de la dictadura. Uña colocó al frente de la institución religiosa a Nelson la Serna Torres, antiguo director del centro de exposiciones PABEXPO, anexo al Consejo de Estado (CE), y reciclado como fiscalizador económico de la oficialista Academia de Ciencias. En la biblioteca del convento hasta fue empleado Remberto Mejía un capitán jubilado de Villa Marista (sede de la policía política) que se ocupó de botar toda la colección de National Geographic bajo el pretexto de que eran viejas revistas.

La idea del Centro no fue del todo original. Ya a finales de los 80 el superior de la OP en Cuba Pedro Román había iniciado la habilitación de la biblioteca y una sala de teatro, con el apoyo de un grupo que llegó a contar con más de 60 jóvenes y el aporte de un reducido grupo de destacados artistas del patio. El local usado no era otro que el mismo donde se discutiera el pre proyecto que décadas atrás llevara a la promulgación de la Constitución de 1940. Una parte de los jóvenes se exiliaron en otras parroquias ante la pujanza de Uña y sus secuaces; muchos de los artistas cayeron abatidos por las intrigas de los órganos represivos y no pocos optaron, ya desencantados, por abandonar el país.

Manuel Uña afirmó que el Centro Fray Bartolomé de las Casas ha sido un espacio abierto al diálogo, en especial la homónima aula de conferencias, donde, en su opinión, nunca se ha permitido ningún tipo de discriminación. Sin embargo omitió que a lo largo de todos estos años se ha vetado el ingreso a estas aulas a personas por sus preferencias políticas; disposición que fuese introducida por el ex –director del seminario San Carlos y San Ambrosio, padre Antonio. Las conferencias dictadas, en la práctica son monólogos ya que las preguntas a los ponentes hay que formularlas por escrito; con suerte se obtiene respuesta.

Lo anterior, sin contar con la inexplicable persecución que desató este sacerdote contra los homosexuales, las humillaciones públicas a los enfermos de VIHS, el desafuero contra un fraile alemán de la misma orden nombrado Alberto y el intento de internar en un asilo psiquiátrico al decano de la orden en la Isla, fray José (Pepe), sacerdote que salvaguardara los inmuebles de la Orden de ser expropiados por el régimen al perseverar solo en Cuba durante los años posteriores a 1959.

En realidad el logro más significativo de Don Uña, además de regocijarse de la compañía de sus ñangaras elitistas, fue lograr que ante la coyuntura anterior a la visita a Cuba de Juan Pablo II el régimen autorizara por primera vez la reconstrucción capital de una casa religiosa; Santa Rosa de Lima, en el barrio de Pan con Timba, locación próxima a la Plaza de la Revolución.  Dicha restauración inauguró una era de lucrativos negocios para la empresa constructiva Puertocarena, igualmente anexa al Consejo de Estado, que se ha beneficiado de fondos destinados a la iglesia católica cubana, procedentes del exterior.

Al menos el prelado reconoció que gracias a los sacerdotes del Convento de San Juan de Letrán del Vedado, en la etapa republicana, a los seminaristas españoles y cubanos, que estudiaban en la provincia de Granada no les faltó nada.

Fray Cirilo Santamaría fue el otro sacerdote español que arribó a los 50 años de vida religiosa, 15 de ellos en la Isla y asignado a la parroquia de la ciudad de Trinidad, el templo más grande del país. Un autentico cura que recorre las calles del poblado acompañado de su perrito; comprometido con las clases más humildes, la intelectualidad y los problemas del pueblo cubano; sobre todo aquellos que afectan a las víctimas desconocidas del sistema.

La homilía central fue pronunciada por el Cardenal Jaime Ortega Alamino. Carlos Aspiros, el Maestro de la Orden dominicana envió una carta de felicitación, al igual que Vicente Álvarez Paredes presidente del Principado de Asturias. La bendición apostólica del santo Padre Benedito XVI no fue inesperada, sobre todo procediendo de un pontífice que, supuestamente, con 16 años de edad era miembro de la Gestapo.

Asistieron a la celebración los Obispos auxiliares Alfredo Petit y Juan de Dios. Además estaban presentes monseñor Carlos Manuel de Céspedes y el señor embajador de España en la Isla, las artistas Zenaida Romeu, Alina Orraca Llama y el historiador oficialista Eduardo Torres Cuevas. Al final de la misa a todas estas ¨ilustres¨ figuras y a los testaferros del régimen que han ocupado los puestos más prominentes se les convidó a compartir en el interior del convento; a los feligreses habituales se les despidió en una galería oscura previa entrega de una merienda.

Es curioso que al ser interpelados por este reportero, casi todos los laicos de a pie no podían recordar el contenido de las homilías ni a las célebres  personalidades mencionadas, pero estaban sonrientes debido a la genial desafinada del cántico de acción de gracia.

Fuente: CubaNet

Artículo del Domingo, 05 de Abril del 2009

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