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El último chance de Yosvan

Balsero se les llama a los miles de cubanos que se han lanzado al mar, con gran riesgo y pocas posibilidades de éxito, para escapar del régimen de Fidel Castro y alcanzar las costas de Estados Unidos. Ni bajo el dominio español durante siglos, ni en las dos dictaduras anteriores, la de Gerardo Machado y Fulgencio Batista, los cubanos escaparon de esa manera tan peligrosa, en la que tantos han desparecido.

El activista Francisco Chaviano, presidente de Agenda para la Transición, organización política que vela por el cumplimiento de los Derechos Humanos en Cuba, nos explica que a partir de 1994, han muerto muchos cubanos en esa travesía, ya que se calcula que cada año trataban de escapar seis mil balseros, siempre en precarias embarcaciones, muchas de ellas fabricadas por ellos mismos a partir de los materiales que puedan conseguir.

Yosván es el segundo joven que conozco en Santa Fe, pueblo costero de La Habana, donde vivo, que ha roto el récord en lanzamientos al mar con el objetivo de llegar a Miami. Aunque aún no ha cumplido 23 años, lo ha intentado ya siete veces.

Su historia comienza cuando a los trece años trató de irse con un amigo mayor que él. Eran tan inexpertos que, según recuerda, comenzaron a gritar, muy alegres, cuando confundieron las luces de los edificios de Habana del Este con los cayos de la península de Florida. Los siete fracasos, dice, no han quitado de su mente el deseo de escapar de Cuba.

Por qué, le pregunto, y me responde:

-Porque me tiene obstinado la televisión, con su política, con los cinco espías, con el avión que tumbaron en Barbados hace un siglo. Si se dejaran de tanta politiquería, mañana, tarde y noche y pensaran en crear trabajos, en ofrecer salarios decentes para que los trabajadores no tuvieran que robar para comer, le aseguro que yo no me fuera de Cuba.

Yosván es un chico guapo, de buenos modales, viste bien y su casa no está de las peores, a pesar de que vive en El Bajo, uno de los barrios más humildes de Santa Fe. Tiene tres hijos pequeños con tres muchachas y nunca se ha casado legalmente.

-Y ahora, ¿cómo piensas irte?

-Nada de balsa, ni bote. Me voy nadando. Estoy entrenando. Hay nadadoras famosas que han logrado cruzar el estrecho de Florida desde Cuba. No me importan los tiburones, ni las medusas, ni el frío. Este será mi último chance.

-Sería mejor que trabajaras y esperaras por las reformas de Raúl, tal vez mejoren los tiempos.

-¡Qué va, me hago un viejo¡ Con esos cuentos me han dormido 23 años.

-No tienes equipos especiales para nadar 90 millas -le aclaro-, ni escudos o bastones eléctricos contra los tiburones… La única nadadora que logró esa hazaña fue la australiana Susan Maroney, pero lo hizo protegida por una jaula.

-¿Verdad?

Dejé a Yosvany en silencio, reflexionando, como si le hubieran dado la peor noticia o lo hubiera despertado de buen un sueño. Ni siquiera se despidió de mi, cuando me dio la espalda.

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