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Toreros y putas

«Ni todos los españoles son toreros ni todas las cubanas putas»

María del Carmen explica cómo el no poder homologar estudios relega a inmigrantes formados a trabajos duros.

Licenciada en Lengua y Literatura Hispánica y con varios cursos de márketing, María del Carmen Amingorena Tejeiro dio clases de secundaria, trabajó en una ingeniería eléctrica y en una refinería de petróleo en La Habana antes de cortar carne en una carnicería de Foz. Esta cubana de 41 años, natural de la provincia de Villa Clara, donde está enterrado el Ché Guevara, emigró por amor: a su hija, que sufría una enfermedad hepática crónica, y a su pareja. La niña murió el año pasado, y ella ahora está en paro.

-¿Cuándo decidió venir?

-Vine por la Ley de memoria histórica, siendo ciudadana española porque un abuelo era gallego, de Cospeito, y el otro vasco. En Cuba tenía una buena posición en la escala social, pero el trabajado de profesor está mal remunerado y sabía que la atención sanitaria en España estaba muy bien para el trasplante hepático.

-¿Qué barreras encontró para adaptarse?

-Unas cuantas. Cuando llegas de emigrante te ofrecen ayudas económicas, pero nadie se preocupa por tu integración social. Y al apuntarte el paro no te reconocen el título ni te lo homologan, por lo que te ponen que no tienes estudios, como si no supieras leer ni escribir, y eso hace que el escalafón sea muy bajo: ni a una plaza de jardinero puedes optar porque no te dan la opción de hacer una prueba de aptitud, conocimientos... También me resultó complicado entender el regionalismo. Para nosotros España es un país con una potencia inmensa, pero al venir te das cuenta de que es una familia desestructurada, porque están Galicia, Cataluña, País Vasco... y cada uno tira hacia un lado. Por eso me pareció tan interesante la actividad que organizó el Museo del Mar en noviembre, donde nos juntamos un grupo de mujeres y debatimos temas como este, involucrándonos de manera activa.

-La experiencia de emigración de su hija también fue dura...

-Lo pasó muy mal. Cuando llegó tenía 13 años. La adolescencia es una edad complicada, pero los niños fueron crueles, la discriminaron por cosas tan sencillas como denominar determinados objetos de forma diferente. En Cuba al estuche de lápices se le llama cartuchera, y empezaron a llamarla «cartuchera». Hay mucha pasividad en el profesorado.

-¿Detectó más dificultades por el hecho de ser mujer?

-Sí. La mayoría de las inmigrantes están de ayudantes de cocina o cuidando a personas discapacitadas, integradas en el mercado negro; y el resto está sin trabajar. No puedes catalogar ni juzgar a toda la gente de la misma manera. Ni todos los españoles son toreros ni todas las cubanas putas.

Fuente: La Voz de Galicia

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